ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

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5 mar. 2010

Desempleo y eufemismos

90Mil Ciudadanos ARTICULO DE OPINION

El empleo, todos lo sabemos, está muy mal. Los parados son víctimas de la crisis y piden soluciones. Ya mismo necesitan que se acomentan urgentemente reformas estructurales del mercado de trabajo. No hay que tener miedo a las reformas cuando a estas se les dota de capacidad para mejorar una situación tan caducada o negativa como la actual. Pero los parados son también víctimas de la mala gestión política. Es más que probable que con su situación se esté beneficiando a alguien. En todo caso, lo que parece evidente es que tenemos un grave problema de crecimiento, pero también de productividad e imaginación. Los trabajadores sufren las carencias del sistema en primera persona y pagan la pervivencia de estructuras normativas y formativas totalmente caducadas.

A algunos analistas "progresistas" se les llena la boca en los medios de comunicación, pregonando convencidos de que hay que flexibilizar el empleo; pregonando la necesidad de negociar desde el Gobierno con los sindicatos y resto de agentes sociales para que el coste del despido no sea tan elevado. Este tipo de proclamas nos muestra el manejo que se hace de una verdad a medias. Lo que en realidad hay que proteger es al trabajador, sin que ello suponga al mismo tiempo no incentivar al empresariado. Entonces sí que cabe abrir la mesa a los negociadores, para escuchar a los trabajadores con unas mínimas garantías de éxito en el empeño. Despedir es fácil, lo difícil es mantener. Veamos a los miembros de la mesa.

La CEOE, la patronal. No inspira ninguna confianza y esa tarea de reconstrucción del empleo es difícil que la haga. ¿Qué confianza puede inspirar una organización empresarial que pone su credibilidad en juego, a manos de un presidente que está en el ojo de la Justicia, precisamente por haber sido mal empresario? Lo que han pensado: ninguna. Además, la CEOE está más cerca de conceptos esclavistas, retrógrados y especulativos que de conceptos de solidaridad social del siglo XXI. Su presencia en una mesa de negociación resulta kafkiana porque su permanente doctrina del abaratamiento del despido ha dado paso a un incesante abuso sobre los trabajadores. Por supuesto, no pierde oportunidad para pergeñar y proponer nuevas modalidades de contratos basura. Es cierto que el valor económico de las empresas es fundamental para el Estado, eso no lo niega nadie con dos dedos de frente, pero por encima de los valores economicistas están los sociales. Por encima de los beneficios de unos pocos deben primar los derechos de todos. Y esto último a la CEOE parece importarle un pimiento.

Sigamos con más miembros de la mesa. Los sindicatos. Hoy por hoy tampoco se significan como los valedores naturales del trabajador. Son más bien un lastre del sistema que los ciudadanos soportamos con estoicismo y resgnación. Su desprestigio galopante viene dado porque se sospecha que está vendido a los grandes lobbys que manejan las entretelas del Estado. Los sindicatos han tirado por la ventana de los intereses -algunos incluso ruines- la esencia que los justificaba como actores principales del estado de bienestar.

La ineptitud de patronal y sindicatos han abocado al abismo a casi cuatro millones y medio de españoles.Qquieran o no, lo hagan mejor o peor, habrán de ponerse de acuerdo con el Gobierno porque el melón del desempleo está más que partido y la ciudadanía no cuenta con nadie más para recomponer su sangría.

El tercer convidado a la mesa, por tanto, es el Gabinete de Zapatero. Algunos postulan que una de las "soluciones" que se maquina desde Moncloa podría comenzar al cobijo de aquél término acuñado por el propio PSOE en su Manifiesto Político de 2008: "flexiseguridad". No sé a usted, pero a mí me suena a un nuevo eufemismo de urgencia como los que tiene por costumbre recetarnos el señor Rodríguez Zapatero y su cuadrilla de minsitriles subalternos. Don José Luis es el rey del eufemismo del siglo XXI. Los socialistas llevan bastante tiempo persisitiendo en ese empeño perverso de no llamar las cosas por su santo nombre. Una táctica para, seguramente, desviar la crítica directa y evadir responsabilidades pasándole la patata caliente a otro. Ah, y para asegurarse la continuidad electoral.

Perverso, también y sobre todo porque supone llamar y tomar por tontos a los españoles. La estrategia basada en el eufemismo busca no el suavizar las situaciones, cosa difícil de lograr ante los millones de parados de este país, sino engañarles con ellas y no reconocer las responsabilidades de gestión. Es una versión nueva del cuento "El traje nuevo del emperador", pero con los papeles cambiados. Así, a los parados -el 'emperador' de este cuento- se les niega la existencia de la crisis general, y la del empleo en particular, aunque la tienen delante de los ojos. Y si insisten los trabajadores en ver crisis, se les dice que lo que ven es un 'crecimiento negativo'. Y así cientos de lindezas. Las estrategias fundamentadas en el engaño son, para colmo, muy virales. Porque son fáciles y gozan de impunidad. El contagio llega en primer lugar a los pillos, delincuentes y vivos de diferente calado. Y después, al tejido social de a pie. "Flexiseguridad" vendría a sumarse a la larga lista de palabros diseñados por nuestros gobernantes para hacernos creer que los trabajadores vamos vestidos. Tremendo.

Por último, y no menos baladí, está la otra de las grandes "soluciones" que ante grandes males se fabrican desde Moncloa. Es aquella que se basa en la doctrina de reducir el gasto público en cuanto congelación de salarios de los funcionarios del Estado. Adelgazar la Administración, vaya. Y este fondo, destinarlo a gasto social. El mismo procedimiento de trasvase de capital se podría efectuar, dicen, teniendo como expropiado económico a los empleados de Ayuntamientos y CC. AA. Todo este fondo recaudado podría destinarse, según el Gobierno, a promocionar el empleo y mejorar el bienestar social. Como bien se ve, una solución bárbara. Viene a defender aquéllo de "desvestir a un santo para vestir a otro". No es de recibo. Estamos buscando siempre cabezas de turco que paguen los errores de gestión de unos y la avaricia desbocada de otros. Gestores eufemistas y avariciosos quedan protegidos; la gran banca de este país, intacta y sin corrigenda en sus malos hábitos financieros. Y cabezas de turco los de siempre,es decir los trabajadores. Fundidos, desesperados y con el melón del mercado laboral abierto en canal, se preguntan qué va a ser de ellos mañana:.

1 comentario:

  1. Bastante de acuerdo en todo, menos en lo de que la flexiseguridad es otra de las patochadas de Zapatero. Es una doctrina muy interesante, nacida en países que han conseguido una tasa de paro muy baja, y de la que creo que deberíamos aprender. Eso sí, sin esperar a ver qué hace este pseudogobierno: cuando parecía que la flexiseguridad era de derechas, nuestro presidente dijo su famoso "la flexiseguridad es para los daneses"; pero ahora que está acorralado y se le han acabado las tonterías (ya no nos entretiene el "género", ni azuzar a la Iglesia, ni el aborto, ni decir que somos antipatriotas los que decimos que la situación está mal), pues ahora no hay más remedio que utilizar el término a ver si nos adormecemos unos meses más. Por eso digo que habrá que estudiar la flexiseguridad, pero lo tendrá que hacer la sociedad civil o lo que queda de ella(sindicatos, economistas, empresarios, etc.) prescindiendo totalmente de esta cosa que nos gobierna.
    Hay una web que informa sobre todo esto: www.flexiseguridad.es

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