ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

ULTIMA HORA INFORMATIVA

4 nov. 2014

Mi querida España

:: Opinión | P. Carbajo “Eneas”*

"Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra…". Desde que se oyó por primera vez esta canción, allá por los primeros años 70s, con la voz de la desaparecida Cecilia, nunca España había pasado por un proceso de desestabilización como el que vivimos hoy. Un proceso que puede acabar muy mal porque nuestro marco de convivencia  no logra corregirlo.

En lo social, político o cultural, parece que hay un objetivo único: desintegrarla. Y puede que esa desintegración, ese debilitamiento de toda una sociedad, haya comenzado desde el mismo momento en que se aprobó una Constitución democrática, la que actualmente nos rige. Increíble, pero bastante cierto. Porque bajo esa manta estatutaria, muchos encontraron un acomodo perfecto y rentable para sus ambiciones. Es decir, que la Constitución acabó siendo un traje a medida para gentes segregadoras como los nacionalistas, los  hoy separatistas enloquecidos.



La actual ley o sistema electoral, provoca que formaciones nacionales tengan menos representación que los partidos regionalistas; y eso pese a que aquellas tengan un número de votos cinco veces superior. "De valer todos los votos lo mismo, IU ganaría 14 escaños y UPyD 12, mientras que los partidos nacionalistas no perderían mucha representación."



Este sistema, este tablero de fuerzas, fue seguramente una gran jugada de personajes de la Transición del 78, como Jordi Pujol. Personajes que ya entonces tuvieron claro qué trampas eran necesarias para, en el momento oportuno, cortocircuitar todo un país soberano. Y otros personajes coetáneos de aquel alumbramiento constitucional, y constituyente, no supieron o no quisieron darse cuenta de lo que estaban asegurándole a tahúres y trileros periféricos, de que estaban hipotecando España. Este ‘café para todos’ propició que fueran los nacionalistas los que hicieran de partidos bisagra con cualquier gobierno. Y a todos y cada uno de esos gobiernos, de uno u otro signo ideológico, gente como Pujol les fue sacando concesiones y prebendas que han desembocado a este estado de descomposición, aliñado con una brutal crisis económica y de valores. Un estado de descomposición nocivo, viral, corrupto, muy difícil de solucionar si no es con el imperio y la aplicación contundente de la ley. Y con un valiente golpe de timón político. Por lo pronto, la ley, la que debe hacer cumplir el Gobierno de hoy con todas sus consecuencias.


"Mi querida España, ¿quién bebió tu sangre cuando estabas seca?". Eso preguntaba a aquella nostálgica canción de Eva Sobredo. Una canción sencilla para una España sencilla que se ha ido complicando la vida año tras año, década tras década. ¿Y quiénes son esos vampiros sociales, esos cuervos tolerados, que se beben nuestra sangre colectiva? Pues algunos políticos, algunos sindicatos, algunos empresarios… ¿o quizá muchos, muchísimos?


 Y aquí estamos, con la corrupción institucionalizada. Con un país a lomos (y bolsillos) de una ciudadanía aletargada, impávida e indignada. Una ciudadanía que cuando reacciona, lo hace sin razonar demasiado. Sentimentalización política,  visceral y ciega, cultura de lo aclamativo y populista. ¿Cómo estamos rompiendo las costuras de España? Unos, queriendo proclamar con violencia declarativa una independencia unilateral. Otros, desde la violencia ambienta, queriendo cambiar la Constitución con para que esa ilegalidad pueda existir. Triunfa el positivismo democrático: legalizar lo ilegal. Y otros más, la mayoría decepcionada, desesperada, que no ve salida ni timonel.

¿Tiene arreglo todo este babel del S. XXI español? Sí, claro que sí. Nada fácil, por supuesto. Para algunos, los que se cobran del alboroto y el caos, la ‘solución’ no es otra que “liquidar el modelo de estado, fallido, y hacer una confederación de estados que más tarde se podían separar en cualquier momento”. Ahí es nada. 



¿El fin de España después de más de 500 años de existencia? Si aceptásemos las ‘soluciones’ anteriores, sí, claro. Pero va a ser que no. Porque no sería yo, nunca, el jefe del Gobierno de España que pasara a la Historia con el ‘mérito’ de permitir semejante cosa. No sería yo el presidente bajo cuyo mandato se destruyese España. En todo caso, si hablamos de soluciones de verdad, pasaría gustoso por ser el presidente que lograse un nuevo gran pacto de Estado que garantice, mejore y construya la cohesión social. Y que la ciudadanía, la soberanía nacional, validase la reforma parcial que pudiera necesitar la Constitución. Este es el camino, el único que veo democrático, lícito y responsable para recuperar nuestra querida España y evitar un cataclismo inmerecido.

*Presidente de Asoc. 90Mil Ciudadanos

24 jul. 2014

Hablar de todo

:: Opinión | P. CarbajoEneas” *

Resulta que un día, el catalán Artur Mas pidió a Rajoy que estuviese dispuesto a dialogar de todo. Y lo pidió con la amenaza del independentismo, con el chantaje de sus artefactos institucionales desde la Generalidad que se le concedió a Cataluña en los años 30. Bonita manera de pedir diálogo’.

Muchos  dijeron que esa petición era un buen comienzo para que en el conjunto de España tuviésemos paz, para no volver a provocarnos momentos terribles que algunos inconscientes de hoy nunca vivieron en sus propias carnes. Chantaje al Estado, secuestro de la ciudadanía.

Pero, sin que sirva de precedente, pongámonos en la política ficción. Pongamos que Estado y comunidad Autónoma empiezan a hablar de todo, sin trampa ni cartón. Y hablar de todo es tanto de lo que se quiere tener como de lo que no se puede. Entre los temas a tratar, pues abórdense los siguientes:


 1.- Cómo terminar de una santa vez con los falsos argumentos y mantras sobre los déficit fiscales, las deudas victimizadoras, con toda aquella galería imaginaria de agravios, de medias verdades  que tanto han contribuido al enfrentamiento, la crispación y la mentira.

2.- También se debiera hablar de cómo suprimir duplicidades institucionales, esas que no se encaminan a la complementación, sino a la agresión; esas estructuras carísimas que suponen un agravia económico y político para España; por ejemplo, lo de las "embajadas” y toda una lista de organismos y entidades clientelares.


3.- La devolución de algunas competencias clave para el Estado, como la de Educación. Porque si el marco competencial se usa para la deslealtad, como ariete contra el conjunto del país, como fábrica de continuas hornadas de nuevos independentistas, o como impulsor de generaciones de ‘nuevos catalanes’ lobotomizados que sirvan luego de ‘mano de obra’ para consultas ilegales, pues mejor será hacer un reset y replantearlo.

 4.- Se puede aprovechar para ver cómo devolver la competencia de Sanidad también, ya que no funciona: siguen cerrando quirófanos, deteriorando estructuras deliberadamente a pesar de cobrar su céntimo sanitario; precarizando pacientes y personal sanitario. Adoctrinamiento con la salud, cero. 


5.- Pueden hablar también de cómo empezar a penalizar a los infractores de las leyes, liquidar tanta desobediencia tan descarada como impune a nuestro ordenamiento jurídico, tanta malversación de la democracia de todos.

6.- De paso, también cómo acordar sanciones a los ayuntamientos y demás administraciones periféricas representativas del Estado, por no cumplir aspectos básicos de un Estado soberano, como el respeto a la normativa de su simbología:  la Ley de Banderas.

 7.- Cómo acabar con la manipulación de la cultura, cuya máxima expresión es la comunidad hablante del Estado: son españolas todas las lenguas de sus Comunidades. Así que hablen de cómo respetar la libertad y el orden lingüístico constitucional. Sancionar en sentido inverso a como se ha hecho hasta ahora, la prohibición del uso de la lengua común y vehicular que es el castellano. Aquí pueden tener un buen acuerdo, porque tan española es la lengua catalana como el castellano.


 9.- De cómo sancionar a los agitadores de las calles que promueven el enfrentamiento y el odio entre catalanes y con el resto de España. Punto final a tanta ideología del miedo, a tanta ingeniería de la subversión. Una cosa es manifestarse libremente, otra pervertir el derecho a manifestación.

Seguro que a quien lee esto se le ocurren más ideas para el diálogo. Un diálogo no bizantino exige, claro, que se llegue a algo concreto y serio. Ideas que no se parecerán a las que traería un Más ultramontano y osado para acordar con un Rajoy para nuestro concepto de gestor demasiado tancredista.

Estaríamos pendientes, por supuesto, no tanto por lo que ya sabemos de Más y sus 'socios', sino sobre todo vigilantes por las concesiones que pudiera hacer Rajoy, si es que hace alguna. No quisiéramos saber que haya movimientos para cambiar la Constitución ‘a la carta’, para ‘adecuarla’ a la trampa y el chantaje de los momentos actuales. Quisiéremos saber que se dialoga para seguir garantizando futuro, jurídico pero también político y social, a 47 millones de españoles unidos.

* Presidente de Asociación 90Mil Ciudadanos

10 jul. 2014

Don 'Tancredo'

:: OPINION | Eneas - Pedro Car

El "don Tancredo" era un lance taurino. Consistía en que un individuo, el que da el nombre al lance, esperaba al toro a la salida de chiqueros. Subido sobre un pedestal, se situaba en mitad del coso taurino. El individuo iba vestido con ropas de época, o cómicas, y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto: el saber de la tauromaquia afirmaba que al quedarse inmóvil el bulto humano, el toro creía que la figura blanca era de mármol y por tanto no la embestía convencido de su dureza. Normalmente el papel era interpretado por personas desesperadas, a la búsqueda de ganar dinero fácil y poco que perder.

Y el lance funciona... hasta que llega un toro listo. Porque, claro, puede ocurrir que el toro se acerque despacito a la fingida estatua; que la olfatee... y que embista al pedestal repentinamente, dando un fuerte hozicazo, persiguiendo luego al don Tancredo por todo el arenal de la plaza. Entonces el perseguido se ufana por tomar el olivo y saltar la barrera. La cogida más aparatosa que se recuerda de este lance la sufrió hace muchos años un torero en Madrid: un novillo de Anastasio Martín le infirió una grave cornada. Así, la práctica que les relato fue desapareciendo.

Pero parece que esta historia se va recuperando en estos últimos tiempos aplicándose a la arena política y hoy al Sr. Mariano Rajoy. Como buen don Tancredo, el actual Presidente del Gobierno parece ponerse de perfil ante las embestidas del secesionismo que viene hacia él, pero no se mueve: confía en que el 'morlaco' independentista pase de largo. Y cuando este da vueltas a su alrededor, Rajoy sigue de perfil, impertérrito, esperando con su lógica del 'resiste' a que el temporal amaine y el toro independentista pase de largo.

Así las cosas, le participo al amable lector de una inquietud: ¿las embestidas de aquellos infaustos tancredos de la tauromaquia se repetirán hoy en la política, sobre los españoles de Cataluña, el próximo 9 de noviembre de 2014? Este nuevo don Tancredo Rajoy dice -¿con boca pequeña?- que no se va a celebrar el espectáculo independentista en forma de consulta. Pero los Companys actuales dicen que sí, que sin ninguna duda se va a hacer. Y para colmo, los ciudadanos no tenemos ni idea de cómo se va a impedir todo eso. Sabemos que hay medios, sean políticos o sean jurídicos, suficientes en nuestra Constitución para evitar toda embestida ilegal al Estado de derecho. Pero hasta ahora no se ha aplicado ninguno. La Comunidad autónoma de Cataluña no cumple las leyes, fomenta el enfrentamiento entre los propios catalanes, y entre estos y el resto de España. Y sus gobernantes se han rodeado de fieles -convencidos unos, inducidos otros- a su proyecto segregacionista. El coste de tanta locura va, evidentemente, a cargo de nuestros impuestos, queramos o no ser feligreses de ese proyecto.

¿Cómo habrían frenado en otros países, tanto o más democráticos que España? Porque países respetados y más serios hay, eso no tiene duda. Sabemos que algunos ya solucionaron este tipo de conflictos de manera radical. Pensamos que España no va a ser menos: no se va a producir ninguna consulta ilegal. Pero la crisis ya está en marcha, y si de alguna manera se incumpliese la ley, el Gobierno del Estado deberá actuar inmediatamente, con toda legitimidad. Primero, para que el inquilino de Moncloa no sea tenido por traidor al Estado (que esto ya suena en medios relacionados con la Defensa). Y segundo, para que se termine antes la malversación institucional que supone haberle dado recursos públicos a ese 'ejército' que es la ANC y que también podríamos llamar el ejército de GILA, en recuerdo de los episodios de nuestro humorista, ya desaparecido: o GILA,  Grupo de Inteligencia Logística de la Asamblea. Porque esa es su principal aportación al govern secesionista: las vías de la insurrección.

Continuamente salen noticias sobre la creación de unas 'fuerzas armadas' en Cataluña para contrarrestar a España. De risa. Plan onírico para una 'guerra de guerrillas' fuera de las ciudades; y toda una ristra de ocurrencias: atentados, toma de aeropuertos y de cuarteles, formación de espías al modo de CNI... Incluso los más acérrimos de este 'toro' independentista ya ven una 'guerra civil' en puertas a partir del 9N. Hocicazos, esquizofrenia, o ambos a la vez.

Y una cosa hay que tener claro: los demócratas de verdad, los que acatamos las leyes y sentencias, no necesitamos ampararnos en ninguna Constitución para saber que España existía cuando no había ninguna. Seguramente -quiero imaginarlo- que todas las salidas para ponerle punto final a todo este show periférico están contempladas por el Gobierno. Y también por los demás estamentos del Estado: Fiscalía, Abogacía, Consejo de Estado, TC. Otra cosa puede ser que no se haya dado información alguna a los ciudadanos. De ahí mi inquietud, la que le comparto al lector, viendo la horfandad de muchos ciudadanos en la Cataluña secuestrada. Miles de ciudadanos creemos que no se están tomando medidas. Y puede que estemos equivocados en esa idea. Pero necesitamos ver firmeza ante ese morlaco salvaje que es el soberanismo que gobierna en una porción fundamental y querida de España. Un morlaco que no hay que subestimar, que puede destrozarnos a todos, incluyendo a los que azuzan al toro que debe lidiar nuestro don Tancredo de Moncloa.

*Presidente de la Asociación 90Mil Ciudadanos
** "Don Tancredo" era el seudónimo del periodista y cronista taurino, Roque Armando Sosa Ferreyro, nacido en Mérida (Yucatán, México) [Fuente: Wikipedia].

6 jun. 2014

El Rey ha abdicado, ¡viva el Rey!

:: LINEA EDITORIAL

Don Juan Carlos I ha renunciado al trono de España. Y siguiendo fundamentalmente criterios personales, lo cual parece un lujo habiendo pasado lo que han pasado. ¿Y ahora qué? Pues que se presenta una nueva etapa en la Historia de este país. Etapa teñida por un clima social crispado, dibujada en un horizonte inquietante. Lo peor de todo, etapa que se abre paso en medio de conatos de pre revolución. La agitación popular fraguada en forma de ‘guerrillas’ tan urbanas como ideológicas. La escenografía del alboroto no necesita ya casi excusas para ‘expresarse’: siembra impunemente el miedo disfrazaa de libertad de expresión. Es lo que hay. Como decimos, etapa que se abre para la Corona y para todos. Y sin que hayamos superado una crisis muy profunda, amortiguada por las familias que minimizan los efectos del extremismo radical y violento. Un nuevo tiempo para una España en paz armada.

El Rey ha renunciado, además, en un clima político denso. Una renuncia sorpresiva para la opinion pública, pero muy calibrada en la trastienda de la Casa Real. Se trataba de sustanciarla desde la normalidad democrática y así ha sido. Podría decirse que ha sido una renunica incluso digna, por más que llegue en horas muy bajas para la Corona. Desde luego, pese a todo, vemos más dignidad en este paso que en algunas autoridades civiles, las verdaderas responsables de lo público. Autoridades que ahora se ufanan, pero que han demostrado tener poca lealtad y casi nula capacidad para frenar algaradas y fraudes de ley. El Rey sí ha calculado bien su adiós político, mientras las autoridades civiles apenas tienen algo de credibilidad como garantes del orden y la paz social. El tiempo erosiona, y el Rey no iba a ser menos afectado que el resto de los españoles. Todo lo contrario, después de 39 años y por simbólico que el cargo pueda ser, no deja de resultar indigesto. Y el Rey, pese a sus aciertos y aportaciones, es consciente que esta España ya no es la de la Transición; esta España ya no soporta determinados tipos de errores. Pero insistimos, el Rey ha sabido elegir el momento para pasar página. Y garantizar la sucesión.  Desde la prisa, sí, pero también desde la ortodoxia orgánica. Ha dejado que todo el gas de esa gran botella carbonatada que fueron las Elecciones europeas, escapase y sirviese para encauzar el descontento generalizado. Juan Carlos I ha comprobado que la ciudadanía, desesperada, vota ofertas utópicas, irrealizables o hasta tóxicas. Es la democracia, en la que unos proponen y otros eligen, pero también es un enorme toque de alerta. Los ciudadanos castigan hoy al bipartidismo gobernante: el Estado ni les ha sabido socorrer en la crisis, ni ha sabido erradicar la corrupción. A la vista de todo este preocupante escenario coyuntural, lo más inteliente era dar paso al sucesor: Felipe de Borbón. O lo que será lo mismo, Felipe VI.
A partir de aquí, a partir de que se haga efectivo el relevo, veremos por dónde va este país. Veremos si salimos de la desilusión. Veremos si los amantes de otros rumbos y modelos inciertos se salen con la suya. Como decimos, en la calle los violentos siguen desenfrenados tratando de imponer su ley; de capitalizar el descontento, los valores y bondades que no les corresponden. Felipe VI llega al trono de una España que no es ni por asomo la de 1978.  Lo va a tener cuesta arriba. Porque de Burgos a Madrid, o de Madrid a Barcelona,  anida en el mapa poca esperanza y bastante miedo: los anti sistema llegan para cargarse el sistema. Y dentro del sistema democrático, dentro del estamento político, la situación no está mejor. Felipe VI deberá revalidar la monarquía parlamentaria en una democracia que unos no soportan, otros no entienden y otros más desean derribar. Felipe VI o la “democracia revolucionaria”, esa es la cuestión. Un nuevo Jefe de Estado para un país rebelde con lo propio y adulador de lo foráneo, un país que fue y ya no es.

Iremos viendo y viviendo los acontecimientos. Con serenidad o con tensión. En definitiva, el advenimiento de un joven monarca por el que apostamos si eso significa progreso y paz para los españoles. Se mire por donde se mire, Felipe VI tiene y debe tener unos objetivos esenciales: arbitrar la arquitectura, coser de paz un país maltrecho por sus costuras, mediar en los conflictos internos que nos desangran y seguir impulsando una España unida en un reconocimiento y respeto internacional con el que nos dejó Juan Carlos I. Una España constitucional, madura, sólida, que debe de dejar de ser huérfana de padre y madre. Porque de no ser así, nos lloverá encima; nos lanzaremos al abismo de un tiempo de llantos y crujir de dientes.
 

9 feb. 2014

El castellano en Cataluña, tiempos difíciles...

:: OPINION | P. Carbajo*, "Eneas".

Leo el libro de Antonio Robles, Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña. Está fresco, lo conseguí el día de su presentación. Página a página, me vienen los recuerdos vividos, los de la historia reciente en esta querida comunidad española donde tengo todos mis afectos: lo contado en el libro lo he ido viviendo, en todos los acontecimientos cronológicos, hasta nuestros días.

Y leyendo recuerdo también esto que se reseña, extraído de la prensa, en el libro: "1993. Diario ABC: Igual que  Franco, pero al revés: persecución del castellano en Cataluña". 
El 10 de septiembre de 1995, Ángel Colom, secretario general de ERC, realiza unas declaraciones incendiarias a propósito de la cesión del 14 % del IRPF a las autonomías: 'Hay una cruzada española contra Cataluña. En España hay un norte que paga y un sur que vive del subsidio'.

Desde la óptica de Andalucía y Extremadura, con el previo sentimiento atávico anticatalanista, el discurso ha provocado urticaria. Rodríguez Ibarra, Presidente de Extremadura, ya había salido en contra de declaraciones parecidas un mes antes: 'Alguien tiene que para los pies al chantaje de los nacionalistas', dijo.

Y esa deriva, esa anomalía, no se paró. Los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE no miraron por los intereses generales. Podían haber evitado el desastre que tenemos encima y prefirieron gobernar con los nacionalistas antes que con partidos nacionales. Pudieron disponer de una enorme mayoría absoluta pero se conformaron con una simple,  pagando el peaje correspondiente a un partido nacionalista que muchos vieron después que en realidad era un partido que esperaba su momento para tener un campo abonado para la secesión. ¿Y no lo vieron?. ¿No se dieron cuenta?. Simplemente prefirieron pagar el peaje y seguir en una guerra ideológica, sin reconciliación, de una confrontación del siglo XIX. Sólo llegaban a acuerdos si algo había que repartirse entre ellos, ya fuese la propia Justicia o sus prebendas.


Y les ha ido bien, al menos hasta ahora, ya que fueron cambiando el gobierno y alternándose en el poder. 'Ahora tú y después yo'. Ya estaba bien el sistema D'Hondt para las elecciones, aunque unos partidos obtuvieran el doble de escaños con la mitad de votos. Ellos, los 'grandes', estaban al margen; y con esta ley, su ley, los partidos separatistas obtuvieron una representación progresivamente mayor de la que les correspondería por el número de votos.

Los gobiernos centrales son culpables, sin duda. Abandonaron a los ciudadanos de Cataluña a manos de los secesionistas (antes nacionalistas). No han hecho cumplir la Constitución casi nunca. Y claro, el castellano ha sido perseguido. Y también postergados y eliminados de la memoria aquellos que se opusieron y se oponen a crear una división entre españoles, entre catalanes, entre vecinos, entre familias.


El sistema electoral que vemos, no tardará mucho en cambiar. El fracaso del Estado Autonómico -más por gestión que por configuración- ha agravado la situación actual de crisis económica y social; un abismo moral, de valores, de ética; una sociedad bloqueada en lo territorial, con ejes estructurales que no funcionan del todo bien, como la educación, la justicia, hasta las propias administraciones generales y locales del Estado.

Sigo leyendo el libro de Robles, todo un compendio de hechos y argumentos. Y sí, como ahí se dice, nuevos partidos salen y saldrán. ¿Se comerán a la partitocracia o partidocracia existente?; más aún, ¿alumbrarán programas que fijen el tiempo de mandatos de los políticos, que logren que la Justicia sea independiente, que los partidos y sindicatos no sean subvencionados, que la cultura sí tuviera que serlo pero en beneficio directo a los ciudadanos y no privativo de los que pretenden también entrar en el reparto del botín? La transacción ha podido con la Transición, hemos pasado 35 años alimentando barrigas públicas aburguesadas.

Y la lengua, para quienes pretenden continuar en esa vida de mordidas de % y mariscadas, para quienes segregan y sectarizan, no se descarta ni como proyectil, ni como excusa, ni como manto. Así estamos... Mientras, si pueden, lean el libro de Robles y verán.

* P. Carbajo es Presidente de la Asociación 90Mil Ciudadanos.