ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

ULTIMA HORA INFORMATIVA

13 nov. 2012

Desahucio: de la hipoteca a la indignidad

:: Opinión | P. Carbajo 'Eneas'*

Desahucio. Palabra maldita que, desde hace tiempo y por desgracia convertida en acción, está de actualidad en la sociedad española. Sus efectos encogen el alma y destruyen la moral de la mayoría; o la de todos, de una manera u otra. Se ha venido aplicado hasta ahora sin el menor recato ético por causa de la exigencia de las entidades financieras; de ahí que jurícamente sea más correcto hablar de lanzamiento hipotecario.

Pero se diga como se diga, el resultado es el mismo: pérdida de la vivienda sin prácticamente defensa posible de los afectados. Se hizo la ley así, y así la pagan las víctimas. 

Hago retrospectiva. El dinero era barato, había trabajo y se concedían préstamos a bajo interés. Una primera hipoteca, a la que cabía adicionar otras varias. Además, todas remuneraban algo las cuentas corrientes o de ahorros; los clientes incautos no reparaban en que, por otro lado, las entidades les seguían cargando onerosas comisiones de mantenimiento o de 'anotación'. Fueron varios años de esta 'fiesta'. Se ofrecieron hipotecas a personas sin ingresos fijos, sin empleo y sin propiedades.  Bastaba el aval de la familia. 

Y claro, al final de la escapada del tocho, rota la burbuja, todos desahuciados. No me gusta nada el panorama. Se habían dado cantidades enormes de dinero, por un valor muy superior al precio de la propia vivienda, haciendo el 'cuento de la lechera': pensaban, hipotecados y avalistas, que si el precio de la vivienda se había duplicado en diez años el valor seguiría subiendo y su valor en poco tiempo sería muy superior al que en ese momento tenia. Craso error. No contaban con que el sobreprecio, la trampa de la tasación, también se acabaría cobrando.

Y llegó la crisis y mandó parar. Los hipotecados quedaron con la deuda al aire, etiquetados como 'malos españoles' por ansiar ser propietarios y excederse en sus caprichos adicionales. La crisis, sí, se presentó casi de súbito y con la máxima crudeza. El valor de la vivienda ya no era tan siquiera el del hipotecado; había bajado y el descenso fue de caída libre. Un ejemplo de ello puede ser el siguiente: el precio  por un piso que se consideró en 200.000 €,  y para el que se dio hipoteca de 240.000 €, bajó de precio a 130.000 €. Ante ese tipo de hundimientos, algunos pensaron que era mejor dejar de pagar una hipoteca de 240.000 € cuando su valor actual era de 130.000. Pero la crisis, sí, dejó además sin empleo a casi todo el sector de la construcción y su industria derivada. Y arrastró a los infiernos, por ende, al resto de la economía. Se llegaron a 5.500.000 parados en el año 2011 y se hizo imposible pagar las deudas contraídas. Dramas familiares a cientos.

La reforma de la Ley del Alquiler ignoró lo podía acabar pasando. ¿A los bancos?: se les acababa el dinero de las cuotas y no asumieron esas pérdidas, de las que en parte eran responsables por gestionar actos hipotecarios imposibles; el pánico les hizo capitalizar las pérdidas recuperando los inmuebles. ¿Los hipotecados?: también debieron asumir una parte de culpa; creyeron que todo era seguro, influenciados por el falso optimismo de que esa arcadia sería poco menos que eterna.


Cierro la ventana del pasado, miro al presente y me gusta aún menos. La cruda realidad se impuso a la ficción. Donde antes hubo alegría, se instaló la amargura. Algunas organizaciones salieron en socorro de muchos casos sangrantes de desahucio, frenando lo que pudieron.  ¿Quién ponía coto? Nadie. En 2010 el Gobierno incluso lo puso más crudo, acortando la legislación para que el embargo fuese más rápido y favoreciendo la acción del acreedor financiero. En 2012 el panorma era desolador; cientos de desalojos por mes, hasta culminar en suicidios. Ahí sí que la sociedad tomó consciencia de que lo que era un problema hipotecario había pasado la frontera de la indignidad.  Los acontecimientos últimos han desbordado a todos y un clamor justo colectivo obligó a parar lo que ya podríamos calificar de lacra.


Hoy, tanto jueces como bancos, tanto organizaciones como Administración, se han puesto de acuerdo: urge finiquitar la deriva económica que acaba en creciente tragedia humana. Con la dación, con moratorias o con la fórmula que sea, pero acabar con los cientos de miles de desahucios. Porque, oigan, el hecho de que a los bancos haya que rescatarlos -tenemos nuestro dinero en ellos, dicen- no debe suponer darles carta blanca para que, además de quedarse con las casas, dejen en la calle como perros a quienes -con hijos, con dependientes, en desempleo, etc.- se quedaron sin recursos para vivir.


Como digo, el Gobierno -¿y la oposición?- activará algunos parches urgentes. Pero lo que digo yo, y aquí el objeto de este artículo, es que tiene que haber caminos más rápidos y directos para solucionar tanta desgracia. Lo pasado, pasado. Urge borrón y cuenta nueva. Digo yo que ese dinero que hay preparado o disponible para el rescate de los bancos, bien pudiera ser destinado a comprarles a estos mismos bancos los pisos hipotecados. Con ello se 'limpiarían' de activos tóxicos, sin tener que inventar bancos 'malos'. Al comprarles estos pisos, los bancos ya tendrían dinero. ¿O no? Y estos pisos, comprados por el Estado (con el dinero del rescate), podrían seguir siendo ocupados por sus dueños, los ya hipotecados. ¿O no?

Y, lo que es mejor, estos se comprometerían a pagarlos en un plazo mayor de tiempo, con cantidades más pequeñas o adecuadas al poder adquisitivo real de cada titular; quienes no pudieran afrontar ni siquiera esta especie de moratoria, podrían permanecer en el piso con un alquiler social; y la titularidad pasaría al Estado, que podría poner en venta el piso o casa cuando los inquilinos se hayan ido en condiciones de vida suficientes. ¿A que sí?


Quizá haya ideas mejores, pero esta es la mía y aquí os la dejo.

*Presidente de la Asociación 90Mil Ciudadanos

6 jul. 2012

Mi crisis, tu crisis...

:: Opinión | P. Carbajo 'Eneas'*

Podríamos decir que la crisis, en conjunto, es mundial. Ni siquiera es privativa de Europa, pues aunque haya países dentro de la Unión con problemas importantes, no es menos cierto que hay otros que siguen en crecimiento. La crisis que tenemos en España está fuera de todo concepto; es una crisis tan acumulativa en sus factores como particular en su desarrollo, a la que se le añade la existente globalmente. Y podríamos decir también que fuera de esa generalidad, hay un cupo de países cuya preocupación no se basa en la solvencia, sino en que “sus clientes” no estén a la altura; y si éstos no se recuperan, ningún país ahora 'comodo' podrá seguir vendiendo sus productos: acabará también por adquirir el contagio de la plaga.

No vamos a comentar la responsabilidad del Gobierno que hasta hace muy poco tiempo ha gestionado nuestro país, ni toca ahora comentar su actuación. Quizá es el momento de juzgarnos a nosotros mismos: nos dejamos seducir por los cantos de sirena, sin que nadie pudiera atarnos al mástil -como al mítico Ulises, vaya- para evitar sus peligros.

Es lo que ya sabemos, pero vale aquí repasar a modo de reflexión la secuencia de la película. Nos daban créditos fáciles, con bajo interés e importes muy superiores al valor de lo hipotecado. Comprábamos pisos o segundas resicencias. Y si nos 'sobraba' dinero del crédito -las entidades financieras ya se 'encargaban' de ello- pues también comprábamos coche y nos íbamos de vacaciones. Claro, muy convencidos de que lo iríamos pagando todo con la misma facilidad coon la que se nos brindó; pensábamos además que como el valor de la vivienda siempre aumentaría, si se diesen mal las cosas la podríamos vender e incluso obtener 'beneficios'; o sea, podríamos 'especular'. Es lo que ya nos explotó en las manos: el boom inmobiliario haría que el valor de la vivienda fuera superior a lo prestado, y claro...

No conformes con todo ello, poníamos nuestro dinero en fondos que nunca bajaban. Una locura. El banco o la caja nos lo recomendaba porque eran 'rentables y buenos'. ¿Quién no se fiaba del director de sucursal que nos saludaba cada mañana como quien saluda a la familia? Y vinieron 7 años de 'vacas gordas', mientras los 'paquetes tóxicos' viajaban por el mundo de banco a banco. Y pasaron esos 7 años, siendo reemplazados por 7 años de vacas flacas. ¿Era posible que cambiase así de radicalmente el panorama? Sí.

"La Reserva Federal de Estados Unidos baja en dos años el precio del dinero del 6,5 % al 1 %".

"En diez años el precio de las viviendas se multiplica por dos en EEUU".

"Los tipos de interés se reducen excepcionalmente en el mercado internacional".

El negocio se estrechaba a pasos agigantados. Había que conceder préstamos más arriesgados a personas sin propiedades o trabajo fijo, cobrando más intereses. Era el matrimonio perfecto entre ciudadanos 'ninjas'** y la vorágine de las 'subprimes'. Dicho de otro modo, aumentar el número de operaciones para compensar los márgenes.

¿Y dónde iba a parar el dinero que invertíamos en los fondos recomendados? Ah, fácil: en cuestión de pocas horas nuestro dinero invertido podía estar en la otra parte del mundo, para financiar bancos con sus 'subprimes' y 'primes'. Consecuencia: se disparó el volumen de dinero en riesgo de impago. Y nuestros bancos -estos que ahora toca 'salvar'- pedían dinero a sus 'hermanos', los bancos extranjeros; y nuestros fondos iban a esos bancos; y seguramente nos era luego otra vez prestado para las dichosas hipotecas.

Insisto, una locura. Se construyó desaforadamente. Todos comprábamos y nos hipotecábamos, hasta que el exceso de viviendas en venta superaba con creces las necesidades reales. Los precios bajaron y se dio la paradoja de que el valor de la deuda del préstamo para comprar la vivienda era muy superior al valor real de la misma. Por ejemplo, veíamos que estábamos pagando un préstamo de 300.000 € por una vivienda cuyo valor de repente se quedaba en 200.000 €. Trágico. Y claro, los ciudadanos 'ninjas' dejaron de pagar las hipotecas, obviando los compromisos contractuales. Unos lo hicieron conscientemente, casi 'porque sí', mientras otros muchos se vieron obligados por las circunstancias.

La película casi termina con la parada -frenazo en seco, más bien- de la construcción. Se abandonaron muchas obras; unas finalizadas, otras a medio construir. Urbanizaciones fantasma y bloques desocupados por doquier. Y los obreros que trabajaron en todo ello se fueron al paro. El sector, hasta entonces rey absoluto, condenó al desastre a toda su industria auxiliar. El comercio se resintió: bajón en la compra de turismos -los concesionarios, grandes y pequeños, iniciaron EREs ycierres- y bajón en el pequeño comercio. Aún seguimos viendo cómo se baja la persiana de tiendas y grandes superficies de regalo, cómo se siguen cerrando el pequeño negocio. Ningún banco socorre: no dinero, no crédito. Las siglas de las grandes promotoras se caen a trozos en el parquet bursátil. A los bancos no les queda otra que cobrarse con las viviendas hipotecadas, tratando de recuperar sus plusvalías a costa de los desdichados ciudadanos 'ninjas', tratando de recuperar al máximo sus activos: ahora valen mucho menos que los créditos que concedieron.

Y el 'the end' más terrible de este psico thriller especulativo lo encontramos en nuestra propia inocencia: la de pensar que con la entrega del piso ya cancelábamos los préstamos. ¡Incautos!. No era una hipoteca sobre el piso, sino que habíamos adquirido un crédito con el aval de nuestra abuela, padres, hijos y nietos y nosotros mismos de por vida. Y nos echaron a la calle, sí o sí. La ley también nos daba la espalda. Nos renegociaron la deuda, refinanciación que también era imposible de pagar porque la plusvalía nos comía vivos, y encima nos quedamos sin trabajo. Y la familia que sufría unida, acabó por pagar unida. El desahucio indigno se llevó por delante cientos y cientos de familias.

En otra película paralela a esta, nuestros gobernantes iban contribuyendo a la atrocidad de la crisis despilfarrando; multiplicando exponencialmente los cargos; subvencionando a cualquier entidad u organización como método de engorde de redes clientelares de los partidos; reservándose suculentas comisiones; asignándose jubilaciones doradas; habilitando empleos de 'paso y cobro', cuando no apropiándose del dinero público que decían que no era de nadie. Todo un 'temario' que requiere capítulo propio.

Total, que ahora nos toca sobrevivir a la crisis propia -también de múltiples aristas- y a la de todos los demás. Mi crisis, tu crisis. Ahora toca esperar que en Europa nos tomen en serio y que dejen de especular con nuestra desgracia de la que muchos, usted y yo lo sabemos bien, salen algunos 'amigos' con pingües beneficios.

¿Aprenderemos del batacazo? Vaya usted a saber. Dilapidamos, derrochamos, subvencionamos, no ahorramos y ahora pagamos. Es para aprendérselo y llevarlo puesto en la frente, ¿o no?También nuestros hijos y nuestros nietos son deudores. Tendremos que recordar a Robert Jones Burdette: No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres: es el remordimiento por algo que sucedió ayer y el temor a lo que pueda suceder mañana”.

No terminaría tranquilo este artículo si no fuese porque prefiero siempre trazar una pista a la esperanza. Usted y yo sabemos que hemos salido de otras crisis, de otros ignominiosos atolladeros. Y de este también saldremos, por supuesto!

*Presidente de la Asociación 90Mil Ciudadanos

** ABADIA, L. "La crisis ninja", 2009 Edit. Espasa.

30 may. 2012

De indecencias y obscenidades

:: OPINION | P. Carbajo 'Eneas'*

Indecente y obsceno. ¿Y que diferencia hay entre estas palabras?. Últimamente las he oído con tanta frecuencia, hasta en demasía, que es todo un fenómeno verbal y semántico digno de atención. Consulto el diccionario RAE, confirmando académicamente no sólo los significados exactos de cada significante, sino sus aledaños semánticos.

Impúdico: "Deshonesto, falto de pudor". Obsceno: "Impúdico, torpe, ofensivo al pudor". Indecente: "No decente, indecoroso". Indecoroso: "Que carece de decoro". Decoro: "Honor, respeto, reverencia que se debe a una persona". Decencia: "Respeto exterior a las buenas costumbres o a las convenciones sociales".

Vale, veo que cualquiera de estos vocablos puede definir muy bien situaciones y contenidos noticiosos de los que nos enteramos últimamente. Situaciones y contenidos que, dicho sea de paso, no son entendibles como excepcionalidad ni fruto de un determinado momento, sino que se demuestran vulgar hábito en el tiempo. Por resumir, y para el conjunto de ese panorama de aguas turbias, me quedo con los adjetivos 'indecente' y 'obsceno'. Son perfectos para hablarle de la gran banca o del infinito sainete de los casos de corrupción.

Licitudes aceptables...

Eso sí, me resulta complicado asignarlos a las personas que, para subsistir en su día a día, tratan de hacer algunas 'chapuzas'. Comparativamente, luchar por complementar un subsidio que permita vivir con dignidad -pongamos, 800 € al mes- se me antoja una práctica mucho más lícita que otras presuntas legitimidades. Considero lícitos, por humanidad, los malabares de quienes les sobra mes para tan poco ingreso; ciudadanos que esquivan en lo posible el umbral de la pobreza, sin posibilidad de subsidio o prestación legal. Estos ciudadanos necesitan poder hacer algún 'chaperón' y no aplicar un IVA -cada vez más elevado, Europa manda- que más que impuesto es una condena.

La marginalidad aterra. ¿Cabe, sin pecar de injusto, adjetivar negativamente a personas que van a ser, o han sido ya, desahuciadas de su vivienda por no poder hacer frente a sus hipotecas? No, rotundamente no. ¿Y a los que evitan pagar los impuestos que se le deducen de su sueldo, mes tras mes, sabedores de que el fruto de su esfuerzo laboral o empresarial va a servir para colmar los bolsillos de los corruptos? Menos justificable pero, visto lo visto, comprensible. Por cierto, lo de 'corruptos' tiene perfectamente cabida en la lista que he reseñado más arriba. Sea como fuere, con que ley y justicia no son la misma cosa, estos casos en los que aprecio margen de licitud deben no obstante ser corregidos por la legalidad: un fraude, lo cometa quien lo cometa, es un fraude y va contra toda Ley.

Las 'andanzas' de la gran banca...

Otro asunto muy distinto, en mi opinión, es el de aquellos que provocan el escándalo general y la vergüenza ajena. Sitúo un espejo para observar ignominias a nivel nacional que, como las financieras, repercuten negativamente en nuestro entorno, incluída la UE. Aquí sí que consigno sin paliativos lo que veo 'indecente' y 'obsceno', porque eso es lo que son los salarios, dietas, y comisiones que, con el mayor de los descaros, vuela 'gracias' a señores que embutidos en caros trajes miran por encima del hombro cuando aparecen en actos públicos. Estos 'sabios' son los mismos que dicen que van a salvar la banca, previa inyección millonaria que se les ocurre pedir. ¡Para eso no se necesita contratar a un señor que se 'lleva' miles y miles de €, sólo por cesar en sus 'servicios' en la entidad financiera para la que se supone 'trabajaba'!

Indecente lo que pide la banca. Obscenas las 'indemnizaciones' a quienes llevan a y dejan en la quiebra a las entidades. Gran desmán a cuenta de los desgraciados ahorradores a los que estos directivos echaron de sus casas, recordemos, por hipotecas imposibles y tan tóxicas como infladas. Negocio de truhanes 'ofrecido' a ciudadanos crédulos. 'Señores' de la banca sabedores a conciencia que jugar con el “ladrillo” era de alto riesgo. Les dio igual a la hora de crear necesidades a incautos 'ninjas' con libreta de ahorro o de extender créditos trucados. Dicen las malas lenguas -al final acaban teniendo razón, mal que nos pese- que algunos directivos se iban 'de viajes pagados' por cuenta de ciertas constructoras: esto tiene un nombre, o más de uno, aparte los que define la ley.

La réplica de quienes justifican las indemnizaciones millonarias es que los bancos son empresas privadas; que, por aquello del libre mercado o falaz proteccionismo, 'pueden hacer lo que quieran' con 'su' dinero; es decir, el que lo da y quien lo recibe están legitimados; incluso que los mismos directivos salientes se asignen la 'gratificación'. Monumental. Bueno, entonces si ahora nosotros -todos- ponemos nuestro dinero en peligro de 'corralito', ¿verdad que debemos también poder exigir una comisión de investigación a directivos y entidades? Evidente: la Fiscalía del Estado debe actuar a fondo depurando responsabilidades. Usted, yo y las meigas estamos seguros que de culpas 'haberlas, haylas'; y gordas. No puede ser que un día se canten beneficios y dos jornadas después se clamen pérdidas millonarias; pensamos en variados bolsillos, en inconfesables paraísos protectores.

De la Moncloa y la CAM...

Elucubraciones aparte, la broma bancaria se sitúa en más de 23.500 millones de €. Pero, como vamos a ser 'accionistas' -es decir, paganos- los ciudadanos tenemos el deber de requerir actuaciones contundentes de quien proceda, vaya que sí. Si se socializan las pérdidas, que se socialicen también los beneficios. Y mientras esas actuaciones se activan, añado entre las cosas indecentes y obscenas las de colaborar en fraudes de ley. No es admisible que un personaje, después de ser jefe del Gobierno en Moncloa y dejarnos arruinados a la mayoría de los españoles, se 'enchufe' en el Consejo de Estado: organismo 'raro, raro', utilizado para engordar impúdicos próceres con pensiones dobles millonarias, y disfrutables hasta que les llega la hora de caminar la senda elefantina. Tampoco es admisible el blindaje de un directivo que se endosa 14 millones de € con la anuencia de la misma empresa que él ha quebrado.

Muestras, muchas y sangrantes. Como esa de la directiva de la CAM que, con todo el 'cuajo' del mundo mundial, acudía al juzgado para reclamar ¿10 millones de € de pensión?. Ahí es nada, la señora; bueno, de ahí lo que debiera es pasar directamente a la 'trena'. Y otra muestra, lo del caso Nöos con un insospechado Urdangarín, suculento culebrón judicial que merece capítulo aparte. Por último, no menos indecente y obsceno, lo de tantos sueldos de empresarios en ruina, concejales y alcaldes que superan con creces el percibido por el propio Presidente del Gobierno. Esto sí que nadie ha conseguido explicármelo para que yo lo entienda. Nadie con una mínima ética debiera cobrar más que la máxima autoridad ejecutiva del país en que vivimos.

Aquí los ciudadanos debemos dejarnos de hipocresías y dobles juegos; regenerar la democracia es exigir baremos proporcionales en las nóminas públicas, eficiencia en la Administración y armonización de derechos y obligaciones para todo el mundo; las retribuciones deben ser no sólo legítimas, sino lícitas. Lo digo porque me contaban, no hace mucho, que la pensión máxima de la Seguridad Social que se puede llegar a cobrar se sitúa en los 300.000 € mensuales. Son pocos los casos, pero se dan. Y, con independencia de su 'frecuencia', todos me parecen una barbaridad: ¿quién puede merecer semejante nivel de pensión?

Europa se impone...

Termino este artículo mirando a Europa, que nos mira desde hace tiempo con mal ojo. El asunto Bankia y toda la retahíla financiera que lo circunda es tremendo. El líder de la oposición, el Sr. Rubalcaba, se tapó los oídos con los inquilinos de las madrileñas Torres Kio y la vista con Bruselas. Ahora, tras su batacazo con la sempiterna agitprop pancartista, ha decidido -o le han hecho decidir en su partido- reconectar con la realidad apoyando a Rajoy en un frente común: ofrecer una imagen de unidad ante esa Europa implacable. Magnífico si no fuese porque, a mi entender, el giro contiene truco: se produce a cambio de que el Sr. Fernández Ordóñez, alias 'MAFO', no tenga que declarar ante el Congreso por su gestión al frente del Banco de España. Pero tendrá que declarar, estoy convencido.

Lo malo es que las picardías PP-PSOE y las limitaciones de nuestra Justicia mitigarán los veredictos. Mucho parece que hay que esconder cuando se da esa rara generosidad de apoyo por parte de Rubalcaba y es aceptada por Rajoy. ¿Verdad que esto también linda con lo indecente y obsceno? En fin, que entre nuestros bancos de la 'champions league' -Zapatero dixit- nuestros sindicatos, nuestros líderes de la diestra y la siniestra y nuestras autonomías disgregadoras e inviables, no sólo se me antoja lógico sino imprescindible que a Europa le merezcamos menos confianza que un ruso vendiendo catecismos. Tenemos el mismo porvenir.

Corolario: Lamentaría de antemano que el contenido crítico de este artículo hubiese podido molestar la sensibilidad de algún lector o lectora. Por si acaso, vayan para él o ella mis disculpas. Pero la verdad, aún debiendo ser siempre respetuosa, ni teme ni ofende. Con este escrito sólo he intentado demostrar que, como diría J. J. Millás, "cuando la realidad se mira en el espejo, al otro lado hay al menos un enigma". Y desde mi espejo -cada ciudadano tiene el suyo- tanto la una como los otros merecen adjetivarse muy negativamente. ¡Qué más quisiera yo haberme equivocado en todo lo adjetivado, haber colocado mi espejo delante de situaciones y nombres que fuesen simples 'árboles' que me impidiesen ver el 'bosque'! Pero va ser que no... ¿o sí?

*Presidente de 90Mil Ciudadanos

11 may. 2012

Hace 80 años, y seguimos

:: Opinión | P. Carbajo 'Eneas'*

Fue Lluis Companys, concejal electo por la Esquerra quien proclamó la República en Barcelona, izando la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento. Una hora después, Francesc Maciá consagraba la República catalana desde la Generalitat. Era el año 1931.
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Sobre estos hechos históricos de la implantación nacionalista ya escribí en un artículo anterior. Pero es un bucle que vuelve una y otra vez. Pese a los desmentidos por parte del PSOE -justificando a menudo la permisividad con los nacionalistas independentistas- la realidad es tozuda: día sí y día también, el progresivo camino hacia la construcción de una 'nación' a costa del territorio español no se detiene; se sigue conformando desde la Generalitat y los partidos pancatalanistas. Y la crisis coyuntural no parece ser obstáculo para ello, pese a que obliga a gestionar prioridades. Y si no se combate este secesionismo periférico, creo que sus efectos serán irreversibles para el futuro de una España como idea y como soberanía ciudadana. Los delirios de los nacionalistas anti españoles, con poder y medios económicos suficientes, así como la dejadez de los gobiernos centrales -necesitados de falsos apoyos para gobernar- han ido permitiendo todo tipo de tropelías y bravatas por parte de los independentistas.
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Ante tal situación, insostenible, asoma la necesidad de calcular cómo repensar el mapa autonómico. Porque el nacionalismo es voraz y ambicioso; siempre estará insatisfecho con lo obtenido, sea en recursos, sea en competencias; y siempre estará atento para exprimir, chantajear o imposibilitar calculadamente a cuantos gobiernos de España se le pongan a mano. El doble objetivo del independentismo es inequívoco: los recursos económicos y estructurales, en primera instancia; y la suficiente autonomía política para impulsar y decantar referendums sobre autodeterminación, en segunda. Es decir, la separación de hecho, que no de derecho.
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Tras las etapas de Pujol y Montilla, el Rey Artur (Mas) trata de recuperar la costumbre de amenazar con la independencia. En primer lugar, exigiendo una Hacienda propia de Cataluña, al margen de la española. Quiere colgarse la 'medalla' de lograr la llave de la caja común; es un anhelo que para el president está muy por encima de cualquier ley estatal, incluída la constitucional que define España como nación indivisible. Esto sólo importará si es útil y rentable al secesionismo: España como futuro cliente comercial. La Generalitat y sus inquilinos, en temas económicos y endeudados como están, se resisten todo lo posible a ser solidarios con el resto del Estado. No sólo que tanto Mas como Catalunya se ven fuera del actual mapa, sino que como buen discípulo de Pujol el president debe pensar aquéllo de “Cataluña soy yo”. Vamos, al estilo Rey Sol, Luis XIV. El reto es que o logra la plena autonomía económica con conversaciones 'bilaterales' -obsérvese la miga que guarda ese concepto- o la logra de 'otra' forma -obsérvese el calado de la amenza-. Pero no lo tendrá nada fácil. Mientras no consigue la llave, las leyes se cumplen; por imperativo, que si no tampoco; y sobre todo, las de la Generalitat: las de un rango superior son 'las de España'. Ni Artur Mas ni ninguno de su 'gran familia' política se sale del guión principal.
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Vayamos a la proximidad, al edificio barcelonés de enfrente. Hace días, con mi amigo Mario, acudimos a una reunión sobre los proyectos del Ayuntamiento de Barcelona para los próximos años de legislatura. La 'sucursal' de CiU que dirige el Consistorio de Sant Jaume está ufanado con el Programa de Actuación Municipal [PAM]. Entre lo tratado, le preguntamos al comisionado del alcalde Trías si no sería conveniente entregar los folletos de información también en castellano. Respuesta: "Ah, no, ¿qué dius?"-traduzco: "ah, no, qué dices!"-, “el catalán hay que protegerlo para que no se pierda; y de ninguna manera se va a cambiar (la inmersión lingüística) en ese sentido”. Deducción clara: la ley se incumple. En la misma sesión del PAM, preguntamos por el apoyo al sector de pequeño comercio de la zona; expresamos nuestra inquietud por el decrecimiento de los comercios tradicionales autóctonos y el sobredimensionado cupo de licencias en manos de 'inversores' extranjeros. Se nos responde con un "No pasa res (traduzco, 'no pasa nada') siempre que se cumplan las leyes; somos muy escrupulosos en su cumplimiento". Pues sí, en este caso el Consistorio sí 'cuida' la legislación: es rentable para el nacionalismo, tanto política como económicamente, por más que desvirtúe la fisonomía de la ciudad.
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Este 'anecdotario' de los intereses económicos alcanza su máxima expresión cuando ya se entra de lleno en la cuestión ideológica que lo dirige. Y ocurre que tanto en el Parlament como en la calle la presión catalanista es la norma. Mientras todos la conocen y la sufren, otros la desmienten o la tergiversan. Porque la economía es una herramienta, la batalla cotidiana. pero la política, el proyecto soberanista, es la gran guerra.
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Así están, o así veo, las cosas. Cada vez percibo más similitud entre lo que está ocurriendo hoy con lo que ocurrió en el año 1931. Salen algunos acérrimos, a la más mínima oportunidad, a proclamar de nuevo la república; sencillamente porque se niegan a reconocer la legitimidad democrática que nos sitúa en 1978 -tal como reconocío Tarradellas- y no en 1931. Y el Sr. Mas, acérrimo como Pujol, Montilla o Carod, dispuesto siempre a hacer lo mismo que Companys desde el balcón de la Generalitat. ¿Quién se lo impide?
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Así las cosas, no sé si se le van a parar los pies de una vez por todas desde el Estado, o vamos a seguir descomponiéndonos como nación sin tomar medidas. Creo que de una vez por todas hay que decir NO a esta deriva nacionalista que segrega. Creo que se mire como se mire, la legalidad dice que el Sr.Mas es el representante del Estado en Cataluña, no otra cosa. Y creo que, si por fin el Estado asume su responsabilidad constitucional, no habrá tal pretendida Hacienda catalana, ni consultas o referéndums populares pseudo legales, ni gaitas. De verdad, cuanto antes se les 'notifique' el rumbo correcto a los 'constructores' de naciones periféricas, mejor.
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Porque, ¿acaso alguien va a invertir en una empresa que es carne de cierre?; ¿acaso la comunidad europea puede sentirse tranquila viendo un país miembro en descomposición interna?; ¿nos van a seguir prestando dinero?. Decididamente no. Más bien cabe que por estos motivos terminemos “tutelados” -mejor dicho, intervenidos- porque la riqueza del país es dilapidada por CC. AA. que pierden el norte. En este momento ya estamos intervenidos de facto: inspeccionan al propio Banco de España, porque en la UE tampoco se fían de los que hay al frente (o escondidos).
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Vistas la Generalitat y la proximidad municipal catalanas, queda por ver dónde se sitúa el Estado. La llave económica y el libre albedrío político para imponer el proyecto nacionalista fueron dos grandes puertas abiertas por el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. A la estafa del PSOE le secundó la estafa del PSC. Ambas han lastrado las expectativas colectivas de los ciudadanos catalanes, las del resto de españoles y también las de nuestro papel europeísta al que nos debemos. Todos pudimos oír en 2011 que nuestros bancos estaban en la Champios League, y mire usted cómo estamos pocos meses después. El adiós abrupto de Zapatero nos puso en manos de Rajoy. Y como el bipartidismo es ideológico y maniqueo a partes iguales, a este nuevo Gobierno de derechas le toca 'colocar su libro' pero bailando con una etapa de gestión muy dura. Tiene dos frentes abiertos de separatismo y tres para intentar derribarlo. Y el envite no va a ser a medio plazo -europa no espera a los 'inválidos'- sino ahora. Como buen gallego, el Presidente Rajoy es listo, sabe que la oposición ansía volver al poder y que para ello rentabilizará cualquier alboroto.
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El Gobierno está sólo, sí, con una mayoría absoluta. Y el partido que lo sostiene, el PP -con numerosos errores privados- es hoy por hoy el único capaz de ofrecernos una virtud: la de liberarnos de la imposición nacionalista periférica. Y que las alternativas políticas que consigan en un futuro romper el monopolio bipartidista, asuman también el compromiso de no abocarnos a repetir las malas historias. Es lo que pido, nada más pero nada menos.

*Presidente de 90Mil Ciudadanos

17 abr. 2012

De heterodoxias e intereses

:: Opinión | M. Ruiz*

Conflicto YPF en Argentina. La presidenta, Cristina Fernández de Kichner, mantiene un agresivo pulso con varias empresas españolas, todas ellas de gestión privada y encabezadas por Repsol. Es el clímax de una Kichner que, en clave interna, necesita hacer valer su poder político. Al incluír la expulsión, casi literal y por la fuerza, de los directivos de la planta petrolera, se ha liado parda. Todo por el suculento pastel que significa el yacimiento de Vaca Muerta; un nombre, dicho sea de paso, bastante agorero. Y a todo esto, los ministros españoles Soria y Margallo no atinan con un posicionamiento claro. Rajoy, en México, hace lo que puede: loas al bienestar que proporcionan gigantes como Banco de Santander, Telefónica o la misma Repsol. El presidente español, de siembra por si acaso y para un público que sin duda interesa: el latinoamericano.

Para nosotros, los de 90Mil Ciudadanos, creo que lo más importante aquí -dejando aparte el análisis estrictamente económico y de mercado- sería aplicar una diplomacia contundente, pero con altura. Una diplomacia que responda al aspecto social -la fraternidad con los argentinos nunca debe cuestionarse- y a lo jurídico más que a lo empresarial. Sobre todo porque en esto último, en la cosa de los negocios, es fácil quemarse los dedos: ¿quién se atreve a poner las manos en el fuego por la completa licitud, bondad y ortodoxia en los negocios de grandes multinacionales, con nombre en castellano pero con sus beneficios dinerarios -inmensos, bien guardados- en Suiza? Nadie, oigan, nadie: nos quedamos sin extremidades; fe hay mucha, pero ingenuidad ninguna. Por tanto, huelga toda amenaza y numantinismo de Estado que, procedente de Madrid, sólo serían entendidos como vulgar pataleo. Son exigibles cauces de negociación serios, especilamente cuando quien tiene la sartén por el mango se enroca bien enrocada, como Kichner: tiene a su favor no sólo a más de la mitad del electorado, sino al propio Congreso bonaerense.

Y es que este es un asunto de intereses económicos puros y duros, en el que todos tienen derechos y también deberes. A veces se gana, a veces se pierde. Y ante cualquier duda en la actuación institucional española, Exteriores debe recordar que para nuestro país más importante que una Kischner son los más de 40 millones de ciudadanos argentinos. Ese es un norte que no debemos perder.

Por lo demás, por la cobertura a las empresas inversoras con domicilio en nuestro país, bien que se actúe; pero ya digo que sin excesos de galería. Sin duda, el conflicto es un mal signo de inseguridad de negocio privado ante el poder público. Puede afectar negativamente en el flujo de inversores; a corto plazo, al que opta España; a medio plazo, al que pudiera optar la propia Argentina. Kichner ha maniobrado con órdago a la grande, en el momento más oportuno para ella como mandataria; las formas, ya se ve, no le han importado mucho; como tampoco la coherencia: buscará otro inversor privado, sea chino o americano; al fin y al cabo, siempre podrá parapetarse en los mismos argumentos que los esgrimidos ante YPF y, como a España, cederle una participación residual. Al conglomerado de empresas con acciones de Repsol sólo les queda olvidarse del tiempo invertido en Argentina y luchar por recuperar el máximo de capital posible. Son negocios, amigos. Es lo que pasa cuando chocan los intereses de empresa privada, por un lado, y los de un Estado populista 'neo peronista' por otro: se mueve mucho dinero y mucha estrategia política de largo alcance. De verdad, no sabemos hasta qué punto puede, debe o no, actuar España intermediando en el asunto. Repsol ha perdido, de todas, todas, su silla en YPF. Creo que el Gobierno español debe tratar de mantenerse en las tareas consulares más estrictas y cerrar el conflicto comercial lo antes posible, evitando males mayores; un cierre que siempre debe estar pensado en orden a los intereses futuros de los ciudadanos españoles residentes en Argentina, tanto como el de los argentinos residentes en España. Es decir, a nivel de respetuosa y conciliadora asistencia de unos y de otros.

El camino de Repsol, como apunto en otro párrafo de este artículo, es claro: luchar por la indemnización; cosa que, parece, sólo tiene posible ante el Tribunal Arbitral de Washington y a partir del documento que regula los acuerdos entre las partes, el suscrito en 1995. La UE puede y debe ayudar en ese pleito; más que nada por aquello de "cuando las barbas de vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar". Y la indemnización sólo puede cubrir dos cosas: el daño cesante y el lucro emergente. Y ahí se acaba la historia. Por eso considero que la intervención de nuestro Mº de Exteriores debe ser firme, sí, pero capaz de sobrevolar los intereses empresariales en pro de los civiles. Kischner ha jugado una carta impropia, e ingrata, con España; cabe que se tenga que arrepentir más pronto que tarde, pero lo hecho... hecho está.

Como cierre a este artículo, dos últimos apuntes. Uno: las nacionalizaciones surgidas del interés político unilateral -es decir, no consensuado con la parte afectada- suelen acabar todas en una grave inseguridad jurídica para las empresas expropiadas; realmente, no son buenas para nadie. Por tanto, de justas tienen más bien poco, haya o no indemnización. Aquí, ni los españoles ni su Gobierno están hoy a favor de ninguna nacionalización de empresas privadas. Todo lo más, y cosa muy distinta, determinadas intervenciones temporales en algunas entidades o grupos bancarios -como el de CatalunyaCaixa y otros- cuya situación de solvencia no ha podido solucionarse mediante otras alternativas.

Y otro: saber y tener muy claro siempre que la parte estratégica empresarial que, de alguna manera y cogida con pinzas pudiera representar en un momento dado al Estado, no faculta a éste para encubrir, justificar -o ambas cosas a la vez- las 'heterodoxias' inversoras privadas. El Estado, el nuestro, no puede ser cómplice de la avaricia hecha holding; de la ausencia de escrúpulos para la especulación. Lo de Argentina es un toque de atención, pero también un escarmiento. El por algunos llamado 'expolio' es un mundo técnicamente complejo -tanto como las porciones en las que está dividido el conglomerado Repsol YPF, porque todo él tampoco es en absoluto español- y por ello no nos metemos materias que no dominamos. Me quedo constatando simplemente que la parte de negocio argentino de Repsol está, insisto, en el tejado del Tribunal Arbitral de Washington; y el resto, YPF, en la maraña política argentina. Y todo lo demás son entresijos diplomáticos que, quizá para suerte nuestra, desconocemos.

*Vice-presidente de 90Mil Ciudadanos.

9 mar. 2012

España, ¿se rompe?

:: Opinión | P. Carbajo 'Eneas'*


A pesar de los desmentidos por parte del PSOE, justificando la permisividad con los nacionalistas independentistas, la realidad es tozuda: día sí y día también, el progreso hacia la construcción de una 'nación' a costa del territorio español se va conformando. Y si no se combate, será irreversible para la unidad de España. Los delirios de los nacionalistas antiespañoles que tienen el poder y los medios económicos, así como la dejadez de los gobiernos centrales necesitados de sus falsos apoyos para gobernar, han permitido todo tipo de tropelías por parte de independentistas; ambiciosos, siempre insatisfechos con lo obtenido, estos siguen exprimiendo a los gobiernos de España para conseguir su principal objetivo: el independentismo y separación de hecho, que no de derecho. Vayamos a los elementos que abren la puerta a la erosión.

Que todo esto haya sido apoyado explícitamente por el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, convierte al ex presidente en eficaz colaborador necesario del separatismo; lo empieza siendo desde el instante en el que 'confiesa' que nunca ha tenido claro el concepto de la nación española, que ésta es discutida y discutible. Ni la conciencia a los separatistas profesionales, ni la conciencia a este para muchos nefasto personaje que estuvo en Moncloa, les dice que han sido y son traidores a España. Unos incluso más que otros, porque lo de que los separatistas no se sientan de ninguna manera españoles ya es canción vieja como 'la tarala'; pero lo de la presunta traición de Zapatero es mucho más grave, kafkiano. Sea como sea, al final, todo camina y cumple su planificación; una “hoja de ruta”, sin salirse ni un pelo del programa establecido. Y así las cosas, la independencia podría ser cuestión de tiempo. A este ritmo, no mucho. Y cualquier día un díscolo Tardá o un taimado Más -ninguno falto de ganas en esa 'empresa' secesionista- podrían hacer como hizo en su día Lluis Companys: volver a proclamar la República en Barcelona, desde el balcón del Ayuntamiento y el de la Generalitat, izando la bandera tricolor o la inventada estelada. Y volvería a repetirse la historia.

Que la judicatura -el Poder Judicial- y que lo legislado no sean respetados ni hechos cumplir por nadie, empezando por algunos miembros de ambas instituciones del Estado, consagra la impunidad. En el tema que nos ocupa, el posible rompimiento de España, está claro que tal impunidad se la toman como 'regalo' los poderes periféricos, siempre voraces y un punto cainitas. Pero el obsequio es mayor si cabe en las autonomías secesionistas. Y nadie pone pies en pared para detener esta nueva locura que lleva años gestándose para la consecución de otro objetivo complementario: hacer inviable e insostenible el actual mapa autonómico. En este objetivo, los gobiernos anteriores y las izquierdas en general han venido actuando como detonadores, imponiendo sus proyectos políticos -Zapatero tenía incluso el suyo propio- a ese poder judicial 'distraído'; está claro que lo que menos les interesa es que la Justicia sea independiente; y lo que más, someterla al poder ejecutivo, al suyo del momento, se entiende. Los gobiernos anteriores y las izquierdas, por tanto, se ufanan en enterrar de nuevo a Montesquieu. Esto nos ha llevado a la sinrazón, por ejemplo, de 'acoger' en el Parlamento español a presuntos representantes de una banda terrorista; a que grupos simpatizantes de la misma banda sean legalizados; y, como guinda de todo ello, a financiarles con nuestros impuestos.

Todos esos elementos que 'participan' activamente en el éxito de los logros secesionistas, no sólo afectan a Cataluña. También al País Vasco, donde a lo que era terrorismo puro y duro ahora se le llama 'conflicto político bilateral'. El lehendakari Patxi López debiera tener bien claro que no hay paz, no hay derrota para las víctimas, ni hay legitimación posible para los verdugos. ¿Se acuerda el Sr. López de las palabras que le dijo una vez Maite Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundúa? "... y dirás y harás cosas que nos helarán la sangre". Eso es lo que se presencia diariamente en Euskadi y, claro, se proyecta en Cataluña desde hace mucho tiempo también. El mismo Pagazaurtundúa escribía, en el año 2000, al presidente extremeño Rodríguez Ibarra:

Estimado compañero: En Euskadi, incluidos muchos socialistas, hay prejuicios a la hora de definirse español. Es más, me temo que algunos 'sociolistos' se están preparando para montarse y adaptarse a la supervivencia política en una Euskadi soberana. Sin más, recibe un saludo socialista. Salud y Libertad. Joseba Pagazaurtundúa”.

Esta carta, y los pasos que la han seguido, demuestran la progresiva mimetización entre los elementos 'colaboradores' que hemos visto -Gobiernos, Justicia, partidos políticos- y los grupos de presión separatistas. Es el retrato de un micro clima en el que se encuentran instalados muchos personajes; un mar caótico, el de las Comunidades nacionalistas, donde pescar aún a precio de traicinar la propia ideología; como es el caso de los socialistas del PSC que, obteniendo votos de los emigrantes haciéndoles creer que era el mismo partido que el PSOE, devienen en acérrimos nacionalistas.

Como último elemento decisivo en este asunto del separatismo, y no menos importante, el del blindaje de los Estutos. Un entramado normativo cuyo casi único mérito es acabar de definir las feligresías y las redes clientelares. Básicamente eso son los autonómicos, pero también los de los grandes partidos. Los primeros, en vía muerta, como es natural. Los segundos, en la trastienda, porque ¿quién va a levantar la mano en los colegios electorales para exigirlos?. ¡Hay de aquél que se atreva a significarse!

Es tremendo que un Estatuto de partido sea vulnerado por los propios afiliados. Pero más lo es cuando, no demostrada suficientemente su legalidad, resulta aprobado por un Tribunal Constitucional, un órgano que a menudo da la impresión de estar al servicio del Gobierno. Y ya no digamos de un Tribunal Supremo, ninguneado por todos a los que no les interesan sus dictámenes. Así que porqué extrañarnos de que el resto de instancias jurídicas, subsidiarias en escalafón como el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, parezcan aliarse con los separatistas merced a la interpretación, 'sui géneris', de las decisiones del Supremo. Porqué extrañarnos de que, en Cataluña, la inmersión linguística desoiga todas las sentencias y siga aplicándose, poniéndole palos a la enseñanza del castellano. Algo inaudito en cualquier país del mundo. Podemos hablar en español en EE.UU, pero en una parte de España muchos ciudadanos deban acudir a los tribunales -a los que aún prioricen el marco constitucional- para ejercer su derecho de manera particular como una atención a 'raros' o 'inadaptados'.

Los delirios de los nacionalistas antiespañoles ya no pueden contar con Zapatero. Gobierna el Sr. Rajoy. No cabe esperar milagros, desde luego, pero sí que las medidas que tome sean correctas para salir de todo; de la crisis, del paro y de la miseria... y del enfrentamiento territorial y existencial entre ciudadanos en el que nos ha dejado otra vez un gobierno socialista. Seguramente va a costar, pero entre todos tenemos que salir. Obtener la mayoría -absoluta o no- en unas elecciones faculta para gobernar; y gobernar es decidir. España pide a gritos un cambio profundo, estructural, social. Muchas medidas no va a gustar, especialmente a quienes son justamente perdedores electorales, y como es habitual saldrán a la calle en tropel; y le montarán una huelga general, aprovechando la desesperación de todos; y tras la huelga general, otras más que mitiguen el resentimiento de unos -los líderes- y la rabia del resto, la ciudadanía. Insisto, se elige para arreglar la economía, la crisis y el paro; pero no nos equivoquemos, también para más cosas: para restaurar la libertad que no tenemos, para restaurar la Justicia y para aplicar la Constitución. Y, a ver si cae esta breva: para cumplir y hacer cumplir las leyes. Porque, oiga, si nuestros gobernantes no las acatan, ¿por qué tengo que hacerlo yo o usted?

El conflicto territorial es muy preocupante y grave. Hay que cerrarlo, y bien. Rajoy tendrá que poner, sí o sí, pies contra la pared para parar las locuras nacionalistas. Se le vota para eso también. No hay líneas rojas que no se puedan traspasar, salvo la Ley. Cuanto más se tarde en meter en cintura la disidencia radical -que no la discrepancia democrática- y la delincuencia socializada, peor. La tarea es ardua, sin duda, como también son los ajustes que se están haciendo para salir de la crisis. Y sobre ellos, también, debe permanecer el espíritu crítico constructivo.

Y si un gobernante, cualquiera y desde cualquier dimensión territorial, no cumple con su juramento en la toma de posesión, esa falta se le demandará.

*Presidente de 90Mil Ciudadanos

24 feb. 2012




viernes 24 de febrero de 2012

CONFLICTOS LINGÜISTICOS
Hace pocos años, no había estos conflictos, sin embargo hoy en día se han creado como uno de los argumentos diferenciadores entre grupos sociales, principalmente en las comunidades de España gobernadas por autonomistas y separatistas. No representan un peligro real para el español, por ahora, pero si vulneran los derechos más elementales como es la libertad de los ciudadanos a utilizar el idioma oficial amparado en la Constitución, utilizándolos para falsear la historia y crear divisiones, difícil lo tienen para erradicarlo, ya que el español es el idioma propio de esas comunidades como las propias lenguas regionales. Aunque la batalla librada unilateralmente por los separatistas del nacionalcatalanismo emplean argumentos repetidos incesantemente para que a fuerza de oírlos una y otra vez calen en la población con argumentos como que el castellano es imperialista, porque estamos en Cataluña, porque lo decimos nosotros, porque España nos roba (de los últimos eslogans) y hay que ir contra todo lo español, ya sean toros o la Academía de la Lengua, y todo aquél que hable castellano ampliando la lista de enemigos a cada uno de los que no se someten a sus imposiciones. La libertad no existe en la enseñanza, o en el derecho a llevar tu negocio como te de la gana.Sin embargo el peligro para el español y de nuestra cultura, no nos damos cuenta que sibilinamente está anclado en la sociedad, proviene de la actitud pasiva y servil ante el inglés, y en el gobierno tenemos ejemplos. El inglés está desplazando al español de la cultura superior y de otras muchas actividades en nuestro propio país, sin que políticos ni intelectuales opongan resistencia: al contrario, colaboran en el proceso, e incluso lo invocan como signo de modernidad y de diferencia entre el provincianismo de los separatistas. La enseñanza del castellano está amparada en la Constitución, no se necesitan más leyes ni componendas, sino cumplirla. Las leyes no se acatan por separatistas ni socialistas y podemos oír a representantes como Carmen Chacón diciendo que cumplir la ley es rancio, centralista y anticatalán. Esta por incumplir la ley, o sea por la delincuencia, aunque luego quiera convertirse en Carmen de Almería para tocar poder.Claro que es necesario saber dos idiomas y el inglés debe ser el segundo después del español, pero nunca priorizarlo sobre el nuestro. En esto si se destacó Zp y su gobierno que nunca hablaron inglés, tampoco…… entre otras deficiencias, y no fue un ejemplo al que haya que imitar en nada, pues su conocimiento les hubiera servido para no dormirse en las cumbres europeas y dar una pobre imagen del gobierno de España.
Tampoco ha cumplido la ley el PP cuando estuvo en el poder anteriormente y ahora no parece que sea una de sus prioridades, siendo ya advertidos de que no pueden pisar la línea roja pintada por Más. Y ha imitado la política “educativa” de los separatistas, contraria a la democracia y a España. Eso si, garantizarán la enseñanza en castellano en las comunidades que sólo hablen castellano. ¿Serán gilis…? La única garantía, al final va a ser el inglés. Se hace mucha mención al segundo idioma, se dan cuenta que el segundo será el ingles, ¿y el primero?. La ceguera refleja la mísera realidad de Rajoy y los suyos bajo la palabrería “patriótica”. Para los separatistas el primero es el regionalista, no el español y el segundo también el inglés, en este último coinciden con los gobiernos que tenemos.
Eneas
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11 ene. 2012

Generales 2011, votos que no valen igual.


.:: Opinión. Por P. Carbajo 'Eneas'

Allá por noviembre pasado, aún en 2011, se celebraron unas muy esperadas Elecciones Generales. Tardías, para mal de todos. Entonces ya se preveía que los ajustes iban a ser más duros que si se hubieran hecho antes. Y en ellos estamos.

Todos esperamos desde el 20N que el nuevo Gobierno active medidas. Que éstas empiecen a ser motivo para la confianza en nuestro futuro colectivo. Que la recuperación ofrezca hechos tangibles en lo cotidiano. Y que, al final de la legislatura, hayan disminuído el número de parados... y el de embutidos, en forma de 'chorizos'.

También, a ser posible en este 2012, que disminuya el poder de la grandes 'familias' y mafias periféricas y, por qué no, que empiece a existir una conciencia moral y ética de gobernar: que el dinero público no sea usado en provecho propio de ningún 'aventajado'. Pienso que el lector convendrá conmigo en que, lamentablemente, en este país la corrupción ha devenido en un hecho generalizado, una especie de 'modelo de vida'; cuanto menos, los casos en los distintos niveles hace parecer que así sea.

Y por eso pienso que deben cambiarse algunos conceptos y formas, evitando que ese 'modelo', ese estado de corrupción sistemática, se instale en el mapa mental de la ciudadanía; ni tan siquiera esporádicamente. Ahora caigo en que se ha construido una buena cárcel en Cataluña, conocida como el 'spa'; no tiene presos, está sin utilizar y cuesta un millón de € mensuales; vamos, un gasto estructural que se puede rentabilizar ingresando en ella a todos estos 'chorizos' autonómicos de guante blanco que saturan los tribunales. Llena en dos días.

Pero este pequeño artículo no va por el camino de crítica autonómica, como bien pudiera parecerle al lector a tenor de lo dicho más arriba, aunque ese tema merecería un amplio desarrollo argumental. Y lo de los usos del sistema penitenciario es sólo una parte más de lo que creo debe replantearse en esa regeneración democrática, ética y moral que sostengo como imprescindible.

La cuestión que traigo aquí, al hilo de las Elecciones Generales, es esa que parece mantener disconformes a muchos ciudadanos: los votos de los españoles, ¿no valen igual en todos los sitios?. Es una pregunta de fondo, con muchas aristas. Por eso, entrados en el debate, observo que hay un auténtico universo de opiniones y criterios. Va por colores: desde quienes consideran que el sistema electoral ya está bien como está, hasta quienes pasan del conformismo a la anarquía febril apostando por desmontar todo el Estado, pasando por quienes consideran que el vulgo ya vota demasiado. Ah, y seguro que a estas alturas el lector también tiene ya bien formado su posicionamiento.

Como comentaba, el debate sobre el sistema electoral tiene mucho fondo porque mueve muchos intereses. No hay verdades absolutas porque nada es perfecto, y menos en democracia. De ahí que yo considere importante, eso sí, el ir avanzando en la idea de máximos: que nuestros votos, el de cada ciudadano, valgan lo mismo se vote al partido que se vote; y que se replantee la ley electoral, en línea con lo exigido desde diferentes organizaciones y hasta 'desorganizaciones'. Pero no es fácil y me asaltan interrogantes: ¿cambiar por cambiar?, ¿cambiar hacia dónde?, ¿qué pasaría si eso -un ciudadano, un voto- fuese efectivo?. Todo cambio profundo tiene damnificados.

Tal como está configurado actualmente el sistema de partidos, el cambio sólo parece aceptable si el partido más votado gobernase, aun no obtuviendo la mayoría absoluta; y esto de la mayoría absoluta es importante para quien gana unas elecciones: poder gobernar sin verse afectado o estar sometido a los chantajes y los canjes de votos con el resto de fuerzas políticas; trajines que hoy se realizan por interés propio, claro; nada que ver con los intereses generales de los ciudadanos, puesto que sólo son generales para la comunidad electoral o ideológica de cada partido.

Así las cosas, aplicar la igualdad de votos puede suponer cierta injusticia: un partido, vencedor en urnas con mayoría de votos, se vería fácilmente apeado del poder porque las minorías pueden articular alianzas de gobierno en tripartitos o pentapartitos; y lo que actualmente es injusto para unos sería injusto para otros. En este país la mayoría absoluta es clave y nadie renuncia a hacerla valer. Si el partido más votado lo es con el 40 % de los votos, debería gobernar si el siguiente no llega a ese porcentaje. ¿Qué ha pasado en estas Generales 2011?


Los datos del cuadro superior son sólo una muestra, suficiente para entender buena parte del aspecto que debatimos. Y sorprenden, ¿verdad? Veamos el detalle en letra:

- CIU, con 1.014.262 votos obtiene 16 escaños. UPyD, con más votos, obtiene sólo 5.
- UPyD, con 1.140.242 votos, obtiene 5 escaños. AMAIUR, con 333.628 votos, obtiene 7.
- IU, con 1.680.810 votos, obtiene 11 escaños. CIU, con 1.014.262 obtiene 5 escaños más.

¿Pero que pasaría si se aplicara, sin más, el valor del mismo voto para todos? En tal caso, el PP que obtuvo el 47,08 % de los votos no gobernaría jamás. Una coalición del resto de partidos podría sacarlo del panorama político con otro pacto del Tinell y estaríamos siempre en una pseudo democracia; es decir, peor que ahora. Digo esto porque sólo empezaré a pensar en una democracia consolidada cuando vuelva Montesquieu, al que enterraron algunos socialistas; como el 'amigo' AlfonsoGuerra, para quien el ideólogo francés "murió junto con su filosofía".

Concluyo pensando que es de justicia que el valor de nuestros votos debe ser igual para todos los españoles. También que el partido gobernante lo sea con mayoría simple. De otra manera no se debería aceptar la unión de dos o más partidos sin mayoría. Unas por otras.