ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

ULTIMA HORA INFORMATIVA

25 mar. 2011

Justicia, ese grave problema

90Mil Ciudadanos Digital
.:: Artículos de Opinión :: Mario Ruiz*

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Cada día es mayor el divorcio entre ley y justicia. Dos pilares del estado de derecho que debieran estar armonizados. Y no estarlo propicia sentencias como la del caso Marta del Castillo o la de tantos otros sucesos de infausto recuerdo. Víctimas no sólo por mano de los agresores directos, los delincuentes de obra. Sino víctimas también del propio sistema, ese que por omisión, dejadez o indiferencia no consigue asumir su cometido de garante eficaz y ejemplar de derechos y libertades. Es decir, asistimos impávidos a la victimización crónica de los ciudadanos.

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La legislación es deficiente, sin duda. Es posible que, en alguna medida, tenga que ser imperfecta para poder dar cabida universalista a la ciudadanía. Pero en ningún caso debiera de carecer de ese prurito de reforma que la haga no sólo entendible, sino fiable y asumible por quienes deben someterse a ella. Las modificaciones suelen estar afectadas siempre de determinados lastres: encaje con la jurisprudencia internacional, 'vacíos' que permitan incorporar necesidades legislativas del resto de CC. AA., etc. Con que somos legos, y no pretendemos ejercer o aparentar un conocimiento profundo y riguroso del que carecemos, la idea que queremos expresar aquí es que no todos los lastres son aceptables. Y uno de ellos, que incide demasiado a menudo en el curso de las propuestas de ley, es el de los intereses políticos de partido. Es decir, que no se activan las leyes y/o las reformas legales pensando en el servicio al ciudadano, sino más bien en las rentabilidades que éstas pueden suponer en múltiples aspectos a los intereses de poder de los partidos que gobiernan.

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Y los criterios interpretativos judiciales, poco asumibles por la ciudadanía, suelen quedar cautivos de ese viciamiento. Es por eso que hablamos de la politización de la justicia. El resultado, lógico; y más que previsible, inevitable: un sistema judicial desbordado, falto de recursos materiales y humanos, pero también parco en el esfuerzo de cambiar el chip corporativista; un colectivo de jueces con buena voluntad y preparación -los hay, y muchos, relamente excelentes y eficientes- pero no siempre de conducta ejemplar por culpa de determinadas 'estrellas' estrelladas y de algunos personajes díscolos menores pero con toga; una falta tal de armonización de criterios en las sentencias, que demasiado a menudo acaban creando alarma social por infumables; etc, etc.

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Lo más grave aquí son dos cosas, e efectos ciudadanos. Una, que este divorcio -bajo nuestro punto de vista- propicia una sociedad que camina como pollo sin cabeza; casi podríamos decir que España camina sobre la delgada línea roja del delito las 24 horas del día, en medio de una sobreproducción de derechos mal entendidos. Y otra, que lejos de aquéllo que señalábamos como deber y valor fundamental del poder judicial -ser garante fiable de derechos individuales dentro del estado de derecho- lo que vemos es que se ha instalado en la sociedad la sensación de injusticia y desprotección permanente. En otras palabras, que la impunidad es cada vez más la dueña de vidas y haciendas. Los ciudadanos no están exentos de responsabilidad en ello, por supuesto; ante la Justicia, les sobra temor y les falta respeto. Por eso es tan esencial que, en democracia, la ley y la justicia sean capaces de mediar con gestión intachable.

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Porque hablamos de una sensación, sí. Pero a los ciudadanos, que normalmente tienden siempre a moverse y actuar por sensaciones -es decir, desde la visceralidad- no les queda otra opción para expresar su desacuerdo cuando se consideran vulnerados; cuando ven un abismo insalvable entre la realidad de su tragedia cotidiana y las puertas, costosas, del juzgado. Y no es admisible que la Justicia sea indiferente ante el traslado abusivo de causas y tribunales a platós de televisión, a tertulias de radio o a columnas de prensa. En cambio sí sería positivo que atendiese los requerimientos -más o menos organizados- que empiezan a clamar con fuerza para que eso no sea así; para que los tribunales, donde sí se contempla la figura del jurado popular pero no el público, asuman el control. Máxime cuando tales requerimientos empeizan a escucharse desde el nuevo y potente altavoz -o portavoz?- de la ciudadanía: el mundo digital.

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Así las cosas, lo más terrible en este escenario es no percibir ninguna respuesta hacia las víctimas que se acumulan. Respuestas que atiendan sus dramas de hoy; respuestas capaces de prevenir los dramas de mañana. Cada caso evidencia que este país está enfermando, merced a leyes nacidas no ya pobres en el espíritu de ayuda o servicio a las personas sino con taras de difícil digestión social -ley del menor, ley del aborto, ley de dependencia, ley de paridad, ley de protección de la mujer, etc. etc.- que dejan cada día a las familias, como la de la joven Marta, sumidas en el dolor, la impotencia y la indignación. Justicia, ese grave problema sin resolver.

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*Miembro del Equipo Promotor de 90Mil Ciudadanos

3 comentarios:

  1. Anónimo2/6/11 19:58

    no he leido ninguna de esas leyes de las que habla en su conclusion y sé que con un titulo con "enganche" se puede decir de todo ...
    -solo que critica la "ley del aborto" sin decir en qué y SI Idealmente estoy "contra", estoy "por" como "Mal Menor" ...esperando que no sea necesario utilizarla

    También me parece ambiguo cuando habla de "religion" (estoy "por" el RESPETO y "por" que sea algo intimo)

    Si habla en clave, para convencidos, digamelo, por favor ... no he logrado saber lo que piensa en realidad, ni lo que quiere decir (sé que puede ser por falta de inteligencia de mi parte)

    SALUDOS sinceros
    manuel

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Apreciado Manuel.

    Paso a responder con mucho gusto a su comentario, punto a punto.

    -a) El artículo es una reflexión en voz alta del que considero una parte del sentir de muchos ciudadanos: su desconcierto ante determinadas situaciones, públicas o publicadas, que tiene que ver directamente con la acción de Justicia. Y que todo eso incide en su vida social. Trato aquí de retratar más un estado de opinión que de desmenuzar un articulado jurídico concreto.

    -b) No, no pretendo en absoluto utilizar ningún "enganche" para decir de todo. Si esa es su percepción, discúlpeme.

    -c) El artículo no subestima la capacidad e inteligencia del lector para ponerse en contexto. Por el contrario, como centrista, estoy seguro que a lectores críticos como usted no se le escapa que leyes como la del aborto no son ni buenas ni malas, sino que dependen de hacia dónde se inclinen los supuestos que se les aplique. Es decir, del recorrido ideológico.

    -d)Tampoco pretendo posicionarme taxativamente aquí sobre la cuestión religiosa. Y eso no es ambigüedad, sino una opción que considero libera al lector; ¿para qué?: para que vaya al conjunto de la reflexión, no a una de sus partes; el objetivo no es que se vea incitado a contraponer o discutir previamente su credo o no credo con el mío. Respeto absoluto.

    -e)No escribo en clave. Lo que pienso concretamente sobre algunos asuntos no lo expreso en el artículo porque no va al caso de su propósito. Que cada cual elabore sus conclusiones, yo tengo las mías. Lo cual no es óbice para que en sucesivas entregas me decida, sí, a posicionarme tal como sugieres.

    Esperando haber satisfecho su inquietud, reciba un cordial saludo y mi gratitud por su interés en visitar este blog.

    Mario Ruiz

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