ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

ULTIMA HORA INFORMATIVA

11 may. 2012

Hace 80 años, y seguimos

:: Opinión | P. Carbajo 'Eneas'*

Fue Lluis Companys, concejal electo por la Esquerra quien proclamó la República en Barcelona, izando la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento. Una hora después, Francesc Maciá consagraba la República catalana desde la Generalitat. Era el año 1931.
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Sobre estos hechos históricos de la implantación nacionalista ya escribí en un artículo anterior. Pero es un bucle que vuelve una y otra vez. Pese a los desmentidos por parte del PSOE -justificando a menudo la permisividad con los nacionalistas independentistas- la realidad es tozuda: día sí y día también, el progresivo camino hacia la construcción de una 'nación' a costa del territorio español no se detiene; se sigue conformando desde la Generalitat y los partidos pancatalanistas. Y la crisis coyuntural no parece ser obstáculo para ello, pese a que obliga a gestionar prioridades. Y si no se combate este secesionismo periférico, creo que sus efectos serán irreversibles para el futuro de una España como idea y como soberanía ciudadana. Los delirios de los nacionalistas anti españoles, con poder y medios económicos suficientes, así como la dejadez de los gobiernos centrales -necesitados de falsos apoyos para gobernar- han ido permitiendo todo tipo de tropelías y bravatas por parte de los independentistas.
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Ante tal situación, insostenible, asoma la necesidad de calcular cómo repensar el mapa autonómico. Porque el nacionalismo es voraz y ambicioso; siempre estará insatisfecho con lo obtenido, sea en recursos, sea en competencias; y siempre estará atento para exprimir, chantajear o imposibilitar calculadamente a cuantos gobiernos de España se le pongan a mano. El doble objetivo del independentismo es inequívoco: los recursos económicos y estructurales, en primera instancia; y la suficiente autonomía política para impulsar y decantar referendums sobre autodeterminación, en segunda. Es decir, la separación de hecho, que no de derecho.
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Tras las etapas de Pujol y Montilla, el Rey Artur (Mas) trata de recuperar la costumbre de amenazar con la independencia. En primer lugar, exigiendo una Hacienda propia de Cataluña, al margen de la española. Quiere colgarse la 'medalla' de lograr la llave de la caja común; es un anhelo que para el president está muy por encima de cualquier ley estatal, incluída la constitucional que define España como nación indivisible. Esto sólo importará si es útil y rentable al secesionismo: España como futuro cliente comercial. La Generalitat y sus inquilinos, en temas económicos y endeudados como están, se resisten todo lo posible a ser solidarios con el resto del Estado. No sólo que tanto Mas como Catalunya se ven fuera del actual mapa, sino que como buen discípulo de Pujol el president debe pensar aquéllo de “Cataluña soy yo”. Vamos, al estilo Rey Sol, Luis XIV. El reto es que o logra la plena autonomía económica con conversaciones 'bilaterales' -obsérvese la miga que guarda ese concepto- o la logra de 'otra' forma -obsérvese el calado de la amenza-. Pero no lo tendrá nada fácil. Mientras no consigue la llave, las leyes se cumplen; por imperativo, que si no tampoco; y sobre todo, las de la Generalitat: las de un rango superior son 'las de España'. Ni Artur Mas ni ninguno de su 'gran familia' política se sale del guión principal.
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Vayamos a la proximidad, al edificio barcelonés de enfrente. Hace días, con mi amigo Mario, acudimos a una reunión sobre los proyectos del Ayuntamiento de Barcelona para los próximos años de legislatura. La 'sucursal' de CiU que dirige el Consistorio de Sant Jaume está ufanado con el Programa de Actuación Municipal [PAM]. Entre lo tratado, le preguntamos al comisionado del alcalde Trías si no sería conveniente entregar los folletos de información también en castellano. Respuesta: "Ah, no, ¿qué dius?"-traduzco: "ah, no, qué dices!"-, “el catalán hay que protegerlo para que no se pierda; y de ninguna manera se va a cambiar (la inmersión lingüística) en ese sentido”. Deducción clara: la ley se incumple. En la misma sesión del PAM, preguntamos por el apoyo al sector de pequeño comercio de la zona; expresamos nuestra inquietud por el decrecimiento de los comercios tradicionales autóctonos y el sobredimensionado cupo de licencias en manos de 'inversores' extranjeros. Se nos responde con un "No pasa res (traduzco, 'no pasa nada') siempre que se cumplan las leyes; somos muy escrupulosos en su cumplimiento". Pues sí, en este caso el Consistorio sí 'cuida' la legislación: es rentable para el nacionalismo, tanto política como económicamente, por más que desvirtúe la fisonomía de la ciudad.
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Este 'anecdotario' de los intereses económicos alcanza su máxima expresión cuando ya se entra de lleno en la cuestión ideológica que lo dirige. Y ocurre que tanto en el Parlament como en la calle la presión catalanista es la norma. Mientras todos la conocen y la sufren, otros la desmienten o la tergiversan. Porque la economía es una herramienta, la batalla cotidiana. pero la política, el proyecto soberanista, es la gran guerra.
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Así están, o así veo, las cosas. Cada vez percibo más similitud entre lo que está ocurriendo hoy con lo que ocurrió en el año 1931. Salen algunos acérrimos, a la más mínima oportunidad, a proclamar de nuevo la república; sencillamente porque se niegan a reconocer la legitimidad democrática que nos sitúa en 1978 -tal como reconocío Tarradellas- y no en 1931. Y el Sr. Mas, acérrimo como Pujol, Montilla o Carod, dispuesto siempre a hacer lo mismo que Companys desde el balcón de la Generalitat. ¿Quién se lo impide?
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Así las cosas, no sé si se le van a parar los pies de una vez por todas desde el Estado, o vamos a seguir descomponiéndonos como nación sin tomar medidas. Creo que de una vez por todas hay que decir NO a esta deriva nacionalista que segrega. Creo que se mire como se mire, la legalidad dice que el Sr.Mas es el representante del Estado en Cataluña, no otra cosa. Y creo que, si por fin el Estado asume su responsabilidad constitucional, no habrá tal pretendida Hacienda catalana, ni consultas o referéndums populares pseudo legales, ni gaitas. De verdad, cuanto antes se les 'notifique' el rumbo correcto a los 'constructores' de naciones periféricas, mejor.
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Porque, ¿acaso alguien va a invertir en una empresa que es carne de cierre?; ¿acaso la comunidad europea puede sentirse tranquila viendo un país miembro en descomposición interna?; ¿nos van a seguir prestando dinero?. Decididamente no. Más bien cabe que por estos motivos terminemos “tutelados” -mejor dicho, intervenidos- porque la riqueza del país es dilapidada por CC. AA. que pierden el norte. En este momento ya estamos intervenidos de facto: inspeccionan al propio Banco de España, porque en la UE tampoco se fían de los que hay al frente (o escondidos).
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Vistas la Generalitat y la proximidad municipal catalanas, queda por ver dónde se sitúa el Estado. La llave económica y el libre albedrío político para imponer el proyecto nacionalista fueron dos grandes puertas abiertas por el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. A la estafa del PSOE le secundó la estafa del PSC. Ambas han lastrado las expectativas colectivas de los ciudadanos catalanes, las del resto de españoles y también las de nuestro papel europeísta al que nos debemos. Todos pudimos oír en 2011 que nuestros bancos estaban en la Champios League, y mire usted cómo estamos pocos meses después. El adiós abrupto de Zapatero nos puso en manos de Rajoy. Y como el bipartidismo es ideológico y maniqueo a partes iguales, a este nuevo Gobierno de derechas le toca 'colocar su libro' pero bailando con una etapa de gestión muy dura. Tiene dos frentes abiertos de separatismo y tres para intentar derribarlo. Y el envite no va a ser a medio plazo -europa no espera a los 'inválidos'- sino ahora. Como buen gallego, el Presidente Rajoy es listo, sabe que la oposición ansía volver al poder y que para ello rentabilizará cualquier alboroto.
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El Gobierno está sólo, sí, con una mayoría absoluta. Y el partido que lo sostiene, el PP -con numerosos errores privados- es hoy por hoy el único capaz de ofrecernos una virtud: la de liberarnos de la imposición nacionalista periférica. Y que las alternativas políticas que consigan en un futuro romper el monopolio bipartidista, asuman también el compromiso de no abocarnos a repetir las malas historias. Es lo que pido, nada más pero nada menos.

*Presidente de 90Mil Ciudadanos

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