ORGANIZACIÓN CÍVICA DE IMPULSO SOCIAL
Confederada a Ciudadanos de Centro Democrático [CCD]

ULTIMA HORA INFORMATIVA

10 jul 2014

Don 'Tancredo'

:: OPINION | Eneas - Pedro Car

El "don Tancredo" era un lance taurino. Consistía en que un individuo, el que da el nombre al lance, esperaba al toro a la salida de chiqueros. Subido sobre un pedestal, se situaba en mitad del coso taurino. El individuo iba vestido con ropas de época, o cómicas, y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto: el saber de la tauromaquia afirmaba que al quedarse inmóvil el bulto humano, el toro creía que la figura blanca era de mármol y por tanto no la embestía convencido de su dureza. Normalmente el papel era interpretado por personas desesperadas, a la búsqueda de ganar dinero fácil y poco que perder.

Y el lance funciona... hasta que llega un toro listo. Porque, claro, puede ocurrir que el toro se acerque despacito a la fingida estatua; que la olfatee... y que embista al pedestal repentinamente, dando un fuerte hozicazo, persiguiendo luego al don Tancredo por todo el arenal de la plaza. Entonces el perseguido se ufana por tomar el olivo y saltar la barrera. La cogida más aparatosa que se recuerda de este lance la sufrió hace muchos años un torero en Madrid: un novillo de Anastasio Martín le infirió una grave cornada. Así, la práctica que les relato fue desapareciendo.

Pero parece que esta historia se va recuperando en estos últimos tiempos aplicándose a la arena política y hoy al Sr. Mariano Rajoy. Como buen don Tancredo, el actual Presidente del Gobierno parece ponerse de perfil ante las embestidas del secesionismo que viene hacia él, pero no se mueve: confía en que el 'morlaco' independentista pase de largo. Y cuando este da vueltas a su alrededor, Rajoy sigue de perfil, impertérrito, esperando con su lógica del 'resiste' a que el temporal amaine y el toro independentista pase de largo.

Así las cosas, le participo al amable lector de una inquietud: ¿las embestidas de aquellos infaustos tancredos de la tauromaquia se repetirán hoy en la política, sobre los españoles de Cataluña, el próximo 9 de noviembre de 2014? Este nuevo don Tancredo Rajoy dice -¿con boca pequeña?- que no se va a celebrar el espectáculo independentista en forma de consulta. Pero los Companys actuales dicen que sí, que sin ninguna duda se va a hacer. Y para colmo, los ciudadanos no tenemos ni idea de cómo se va a impedir todo eso. Sabemos que hay medios, sean políticos o sean jurídicos, suficientes en nuestra Constitución para evitar toda embestida ilegal al Estado de derecho. Pero hasta ahora no se ha aplicado ninguno. La Comunidad autónoma de Cataluña no cumple las leyes, fomenta el enfrentamiento entre los propios catalanes, y entre estos y el resto de España. Y sus gobernantes se han rodeado de fieles -convencidos unos, inducidos otros- a su proyecto segregacionista. El coste de tanta locura va, evidentemente, a cargo de nuestros impuestos, queramos o no ser feligreses de ese proyecto.

¿Cómo habrían frenado en otros países, tanto o más democráticos que España? Porque países respetados y más serios hay, eso no tiene duda. Sabemos que algunos ya solucionaron este tipo de conflictos de manera radical. Pensamos que España no va a ser menos: no se va a producir ninguna consulta ilegal. Pero la crisis ya está en marcha, y si de alguna manera se incumpliese la ley, el Gobierno del Estado deberá actuar inmediatamente, con toda legitimidad. Primero, para que el inquilino de Moncloa no sea tenido por traidor al Estado (que esto ya suena en medios relacionados con la Defensa). Y segundo, para que se termine antes la malversación institucional que supone haberle dado recursos públicos a ese 'ejército' que es la ANC y que también podríamos llamar el ejército de GILA, en recuerdo de los episodios de nuestro humorista, ya desaparecido: o GILA,  Grupo de Inteligencia Logística de la Asamblea. Porque esa es su principal aportación al govern secesionista: las vías de la insurrección.

Continuamente salen noticias sobre la creación de unas 'fuerzas armadas' en Cataluña para contrarrestar a España. De risa. Plan onírico para una 'guerra de guerrillas' fuera de las ciudades; y toda una ristra de ocurrencias: atentados, toma de aeropuertos y de cuarteles, formación de espías al modo de CNI... Incluso los más acérrimos de este 'toro' independentista ya ven una 'guerra civil' en puertas a partir del 9N. Hocicazos, esquizofrenia, o ambos a la vez.

Y una cosa hay que tener claro: los demócratas de verdad, los que acatamos las leyes y sentencias, no necesitamos ampararnos en ninguna Constitución para saber que España existía cuando no había ninguna. Seguramente -quiero imaginarlo- que todas las salidas para ponerle punto final a todo este show periférico están contempladas por el Gobierno. Y también por los demás estamentos del Estado: Fiscalía, Abogacía, Consejo de Estado, TC. Otra cosa puede ser que no se haya dado información alguna a los ciudadanos. De ahí mi inquietud, la que le comparto al lector, viendo la horfandad de muchos ciudadanos en la Cataluña secuestrada. Miles de ciudadanos creemos que no se están tomando medidas. Y puede que estemos equivocados en esa idea. Pero necesitamos ver firmeza ante ese morlaco salvaje que es el soberanismo que gobierna en una porción fundamental y querida de España. Un morlaco que no hay que subestimar, que puede destrozarnos a todos, incluyendo a los que azuzan al toro que debe lidiar nuestro don Tancredo de Moncloa.

*Presidente de la Asociación 90Mil Ciudadanos
** "Don Tancredo" era el seudónimo del periodista y cronista taurino, Roque Armando Sosa Ferreyro, nacido en Mérida (Yucatán, México) [Fuente: Wikipedia].

6 jun 2014

El Rey ha abdicado, ¡viva el Rey!

:: LINEA EDITORIAL

Don Juan Carlos I ha renunciado al trono de España. Y siguiendo fundamentalmente criterios personales, lo cual parece un lujo habiendo pasado lo que han pasado. ¿Y ahora qué? Pues que se presenta una nueva etapa en la Historia de este país. Etapa teñida por un clima social crispado, dibujada en un horizonte inquietante. Lo peor de todo, etapa que se abre paso en medio de conatos de pre revolución. La agitación popular fraguada en forma de ‘guerrillas’ tan urbanas como ideológicas. La escenografía del alboroto no necesita ya casi excusas para ‘expresarse’: siembra impunemente el miedo disfrazaa de libertad de expresión. Es lo que hay. Como decimos, etapa que se abre para la Corona y para todos. Y sin que hayamos superado una crisis muy profunda, amortiguada por las familias que minimizan los efectos del extremismo radical y violento. Un nuevo tiempo para una España en paz armada.

El Rey ha renunciado, además, en un clima político denso. Una renuncia sorpresiva para la opinion pública, pero muy calibrada en la trastienda de la Casa Real. Se trataba de sustanciarla desde la normalidad democrática y así ha sido. Podría decirse que ha sido una renunica incluso digna, por más que llegue en horas muy bajas para la Corona. Desde luego, pese a todo, vemos más dignidad en este paso que en algunas autoridades civiles, las verdaderas responsables de lo público. Autoridades que ahora se ufanan, pero que han demostrado tener poca lealtad y casi nula capacidad para frenar algaradas y fraudes de ley. El Rey sí ha calculado bien su adiós político, mientras las autoridades civiles apenas tienen algo de credibilidad como garantes del orden y la paz social. El tiempo erosiona, y el Rey no iba a ser menos afectado que el resto de los españoles. Todo lo contrario, después de 39 años y por simbólico que el cargo pueda ser, no deja de resultar indigesto. Y el Rey, pese a sus aciertos y aportaciones, es consciente que esta España ya no es la de la Transición; esta España ya no soporta determinados tipos de errores. Pero insistimos, el Rey ha sabido elegir el momento para pasar página. Y garantizar la sucesión.  Desde la prisa, sí, pero también desde la ortodoxia orgánica. Ha dejado que todo el gas de esa gran botella carbonatada que fueron las Elecciones europeas, escapase y sirviese para encauzar el descontento generalizado. Juan Carlos I ha comprobado que la ciudadanía, desesperada, vota ofertas utópicas, irrealizables o hasta tóxicas. Es la democracia, en la que unos proponen y otros eligen, pero también es un enorme toque de alerta. Los ciudadanos castigan hoy al bipartidismo gobernante: el Estado ni les ha sabido socorrer en la crisis, ni ha sabido erradicar la corrupción. A la vista de todo este preocupante escenario coyuntural, lo más inteliente era dar paso al sucesor: Felipe de Borbón. O lo que será lo mismo, Felipe VI.
A partir de aquí, a partir de que se haga efectivo el relevo, veremos por dónde va este país. Veremos si salimos de la desilusión. Veremos si los amantes de otros rumbos y modelos inciertos se salen con la suya. Como decimos, en la calle los violentos siguen desenfrenados tratando de imponer su ley; de capitalizar el descontento, los valores y bondades que no les corresponden. Felipe VI llega al trono de una España que no es ni por asomo la de 1978.  Lo va a tener cuesta arriba. Porque de Burgos a Madrid, o de Madrid a Barcelona,  anida en el mapa poca esperanza y bastante miedo: los anti sistema llegan para cargarse el sistema. Y dentro del sistema democrático, dentro del estamento político, la situación no está mejor. Felipe VI deberá revalidar la monarquía parlamentaria en una democracia que unos no soportan, otros no entienden y otros más desean derribar. Felipe VI o la “democracia revolucionaria”, esa es la cuestión. Un nuevo Jefe de Estado para un país rebelde con lo propio y adulador de lo foráneo, un país que fue y ya no es.

Iremos viendo y viviendo los acontecimientos. Con serenidad o con tensión. En definitiva, el advenimiento de un joven monarca por el que apostamos si eso significa progreso y paz para los españoles. Se mire por donde se mire, Felipe VI tiene y debe tener unos objetivos esenciales: arbitrar la arquitectura, coser de paz un país maltrecho por sus costuras, mediar en los conflictos internos que nos desangran y seguir impulsando una España unida en un reconocimiento y respeto internacional con el que nos dejó Juan Carlos I. Una España constitucional, madura, sólida, que debe de dejar de ser huérfana de padre y madre. Porque de no ser así, nos lloverá encima; nos lanzaremos al abismo de un tiempo de llantos y crujir de dientes.